miércoles, 30 de mayo de 2012

Llanes: ¿marinera y templaria?. La iglesia colegiata de Santa María



'Es impresionante la falta de datos de todo tipo que existe en este tema concreto de los Templarios; y sólo es explicable pensando que alguien -quien fuese, naturalmente desde Roma- dio la orden terminante de que todo rastro de estos caballeros desapareciese del modo má absoluto. Hace poco más de dos años, los Archivos Vaticanos abrieron a los investigadores -a determinados investigadores solamente- una pequeña parte de la documentación sobre la Orden del Temple que se conserva desde 1312 entre los fondos secretos del Vaticano... Y esa pequeña parte de la documentación ¡supone casi cinco toneladas de pergaminos y otros manuscritos de los siglos XII al XIV!. Quizá eso explique el por qué de esa falta de datos...' (1).

Aunque incierta, como en el resto de concejos que conforman el Principado de Asturias, de la posible presencia del Temple en Llanes, quizá debamos comenzar tomando buena nota de esa preciosa cruz paté que luce en su escudo, por encima de la figura de un león rampante, precisamente el único animal que les estaba permitido cazar y elemento, a la vez, de un rico y variado simbolismo. Es cierto, así mismo, que la falta de documentación histórica sobre el tema, en Asturias, es poco menos que abasoluta y obliga al investigador a cruzar los dedos y exponerse a un sin fin de críticas, en su intento por hacer un mínimo de justicia -al menos presencial- a una orden medieval de monjes-guerreros, los templarios, cuya estadía en los márgenes peninsulares tuvo mucha más importancia de la que generalmente se admite. Hasta tal punto es así, que historiadores de la talla de Ricardo de la Cierva, por citar un ejemplo, obvian esta cuestión y dedican gruesos volúmenes a su creación y actividades en Tierra Santa, pasando por encima de esa prolongación de las Cruzadas, que fue la Reconquista. Cierto es, también, qaue aparte de las presiones realizadas por los Papas -tanto desde los sillones títeres de Avignon como desde los de Roma- la propia idiosincrasia y el poder acumulado poco tiempo después de su creación -oficialmente admitida como en el año 1118- les granjeó numerosos enemigos, que también contribuyeron, y no poco, a borrar todo rastro de ellos, a partir de su disolución en 1307, año en el que el rey de Francia, Felipe el Hermoso, mandó prender a todos los templarios de su reino y confiscar sus bienes, iniciando una cruzada particular, que se ha visto en parte redimida hace unos años, cuando el Vaticano hizo público el documento de absolución firmado por la misma mano del Papa que, cediendo a las presiones reales, les condenó: Clemente V. Por si esto fuera poco, ciertos periodos desafortunados de la Historia de España, y muy concretamente, de la Historia de Asturias, terminaron por volatilizar a los cuatro vientos, aquellos pocos documentos que, de manera más o menos encubierta o ignorada, lograron sobrevivir en el polvo estelar de los archivos de iglesias y monasterios. Uno de tales acontecimientos fue, no cabe duda, la tristemente célebre desamortización de Mendizábal, donde muchos de tales documentos, de preciosa información, y parafraseando al teósofo Mario Roso de Luna, terminaron siendo adquiridos por feriantes, y posteriormente vendidos a precio de saldo en las romerías y mercadillos populares.Otros, los menos, terminaron en manos de particulares que sabían de su valor y es de suponer que ese legado se transmitiera, en términos de heredad, de generación en generación, conformando bibliotecas particulares e inaccesibles. Hubo también personajes, como Tirso de Avilés, Jovellanos y el padre Francisco Martínez Marina, que consignaron en sus escritos algunos lugares templarios, cuyo recuerdo todavía se mantenía vigente en las tradiciones populares, aunque el rastreo de los posibles restos sea, en la actualidad, una labor ardua y en muchos casos, imposible, pues de ellos no queda ya ni el menor rastro, como tuve oportunidad de constatar en los alrededores del Monsacro y en la Sierra del Aramo.
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Situada en la zona oriental de Asturias, en una franja costera que abarca, cuando menos, más de veinte playas, Llanes alcanzó su condición de villa en 1206, con el fuero otorgado por el rey Alfonso IX. De ese periodo son los restos de murallas que circundan el casco antiguo de la ciudad, entre las que destaca un remodelado torreón –denominado actualmente, como Torre del Castillo-, que hoy en día alberga las dependencias de la Oficina de Información y Turismo. Está situado éste, en las proximidades de la iglesia colegiata de Santa María de la Asunción o de Concejo, un curioso templo con aspecto de fortaleza que, según la opinión más generalizada, se comenzó a construir a partir de 1240, estando considerado como la construcción más notable del gótico asturiano (2). La iglesia, muy alterada con el paso de los siglos, conserva, no obstante, dos interesantes portadas en sus lados oeste y sur, de la que destaca, especialmente, ésta última que, por merecimiento, podría ser considerada como otra puerta speciosa, similar, por poner un ejemplo, a aquélla otra que luce en su iglesia el monasterio navarro de Leire.

Obviando la portada oeste, cuyo estado de conservación es lastimoso como para poder hacer una descripción detallada de todos sus elementos –exceptuando, no obstante, el significativo número de cabezas, siete, que conforman los capiteles de su lado derecho- en lo que respecta a la leyenda templaria de ésta iglesia de Santa María de Llanes y al símbolo que la fomentó –el personaje que luce una soberbia tau en el pecho y porta una campana en la mano-, hemos de centrar toda nuestra atención, en la portada sur. Esta portada sur, elaborada hasta el más ínfimo detalle, contiene tal riqueza imaginativa y simbólica, que hacer hincapié única y exclusivamente en un elemento determinado, no la haría toda la justicia que en realidad merece, y tal vez, como así creo, contenga más símbolos relacionados. Contiene un mensaje críptico, desde luego, pero también instructivo, bajo mi punto de vista, encaminado a orientar al peregrino, pues no olvidemos que Llanes y su puerto son y fueron, punto de acogida de peregrinos que alcanzaban Santiago bien siguiendo el camino de la costa, o adentrándose hacia el interior, para alcanzar Oviedo y su catedral de San Salvador, haciendo buena la antigua máxima que dice: quien va a Santiago y no al Salvador, visita al vasallo y olvida al Señor. Desde este punto de vista, razonable, por otra parte, no tendría por qué resultar extraña la presencia de la Orden del Temple en el lugar, teniendo en cuenta tanto su carácter defensivo como hospitalario. Ahora bien, dejando aparte que entre las numerosas cruces utilizadas por el Temple, figura también la tau –posiblemente, la más esotérica de todas, y de hecho, la que sólo tenían el derecho de portar los grandes dignatarios de la Orden, según creo- este detalle no implica, necesariamente, que el personaje en cuestión sea un templario. ¿Por qué no podría ser, por ejemplo, un antoniano?. De hecho, de la convivencia y afinidad entre templarios y antonianos, queda buena prueba. El caso más típico que se me ocurre, podría ser el de Castrojeriz, en Burgos. Sí parece ser, que hubiera antonianos en Llanes, a juzgar por el recuerdo a San Antón, que lleva un pequeño paseo aledaño al puerto. Y si en la portada sur encontramos elementos, como decía anteriormente, que por su simbolismo bien pudieran guardar una relación con el Temple –la jarra griálica, el dualismo constatado en varias figuras, los árboles de la vida, etc- tal vez otra posible huella, intuitivamente simbólica, la encontremos en los nombres de ese peculiar barrio antiguo aledaños a la iglesia. Nombres tan significativos como la Plaza de la Magdalena, donde se localiza una humilde ermita del siglo XII que lleva su nombre, y de la que hablaré en una próxima entrada; Plaza de San Roque, otro conocido santo de los caminos, con todo el simbolismo esotérico añadido: el perro con la hogaza de pan, el niño, el báculo, la herida en el muslo descubierto…; Plaza de Santa Ana, es decir, de la Madre de la Madre...Y no olvidemos la presencia megalítica de la zona, tanto en Llanes como en la vecina Ribadesella, lugares donde el Temple, a juzgar por los asentamientos localizados en otras regiones, parecía tener un interés especial.


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(1) Carlos Mª de Luis: 'El caballero templario de Llanes', La Voz de Asturias, domingo, 24 de marzo de 1985.
(2) Luis Díez Tejón: 'Prerrománico y románico en Asturias', Ediciones Lancia, S.A., 3ª edición, 2008, página 69.

martes, 29 de mayo de 2012

Templarios en Euskadi: La Pentalfa de Lasarte


Si bien es cierto que no tengo ninguna constancia de la presencia del Temple en Lasarte, también es verdad que resulta sospechosa la observación de algunos elementos, como la misteriosa pentalfa que luce en su ábside –de planta hexagonal- la iglesia de la Asunción, los cuales inducen, cuando menos, a una especulación comparativa –y espero que también constructiva- pues no son pocos los templos y las tradiciones a ellos asociados, que relacionan a unas con otros, sin olvidar, por supuesto, que dicha asociación no denota, en modo alguno, exclusividad, siendo conocida y empleada desde la más remota Antigüedad, y símbolo no sólo pitagórico, sino también adoptado por algunas hermandades canteriles medievales al servicio del Temple, en algunos casos, o independientemente de éste, en otros muchos.
Hemos de situar el pueblo de Lasarte, a poco menos de un kilómetro de ese gran dragón urbano en el que se ha convertido la capital alavesa. Dragón figurativo, no obstante, que ha engullido algunas otras pequeñas poblaciones rurales, como sería el caso de Armentia. Resulta interesante retener este dato, porque Armentia era el lugar de origen de un santo –San Prudencio- que, según la tradición, fue discípulo de San Saturio –santo Patrón soriano- haciendo vida eremítica y recibiendo las enseñanzas de éste, en un lugar –la antigua ermita de San Miguel de la Peña (1)- cuyo acceso, en la ladera del Monte de Santa Ana, estaba custodiado, curiosamente –o no tanto, si tenemos en cuenta su predilección por los lugares mágicos o telúricos-, por los templarios que habitaban en el cercano monasterio de San Polo. De este antiguo monasterio, propiedad particular hoy en día, aún se conservan tres estelas medievales que, hemos de suponer, pertenecieron al cementerio de los monjes-guerreros, y en las cuales, aparte de las típicas cruces patadas, también se pueden advertir otros símbolos; y entre ellos, se constata la presencia de esta estrella de cinco puntas o estrella remfan.
Consideran los expertos, que ésta iglesia de la Asunción de Lasarte, debe su actual composición a las remodelaciones efectuadas en los siglos XV y XVI, sobre una iglesia anterior, románica. Y en efecto, se pueden apreciar algunos restos románicos, formando parte de su estructura. Pero esos restos visibles, -prácticamente, dos ventanales de meritoria ejecución- probablemente pertenezcan a la primitiva fábrica románica –que tuvo que ser, realmente imponente- de la actual Basílica de San Prudencio de Armentia. Restos que, al parecer, fueron distribuidos en diferentes templos de pueblos de alrededor.
Que tenga o no relación con el Temple, no deja de ser curioso observar en esta iglesia de la Asunción de Lasarte, dos elementos que, aunque polémicos, suelen ser asociados a la Orden en numerosas ocasiones: la estrella remfan y los ábsides, cuando no las plantas, de forma hexagonal u octogonal. Ante esto, cabe preguntarse si en siglos posteriores se respetó el trazado original de la antigua iglesia, y si en éste se constataba ya ese émulo arquitectónico basado en el modelo de la Casa Madre del Temple: la Cúpula de la Roca, en Jerusalén.
Ermitas e iglesias que luzcan entre su ornamentación la estrella remfan y estén asociadas al Temple, se pueden citar, entre otras y como dato a tener en cuenta, la de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos, así como la parroquial de Tejeda de Tiétar, en la provincia de Cáceres, sin que ello sea motivo para obviar su localización en tímpanos –como el de la iglesia de la Asunción de Leache, en Navarra-, o formando parte de las metopas absidiales –como es el caso de la iglesia de la Natividad de la Virgen, en Sotillo, Segovia- e incluso como marca de cantería y señal de reconocimiento, teniendo un buen ejemplo, por su alto número, las que se localizan en el monasterio de Carracedo, en León.


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(1) Así se conocía, en sus inicios, a la actual ermita de San Saturio. Una ermita que se levanta sobre un promontorio rocoso horadado de cuevas, a la misma orilla del Duero, y cuya planta, tiene también la forma hexagonal.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Templarios en Euskadi: Bellojín, iglesia de los santos Cornelio y Cipriano


Los santos gemelos suelen también verse frecuentemente relacionados con el Temple. Casualmente, es el caso de ésta pequeña iglesia rural de Bellojín, que se encuentra bajo la advocación de los santos Cornelio y Cipriano, y donde, según las tradiciones orales de la zona, existió un convento de templarios. Si fuera cierta esta afirmación, poco realmente es lo que ha sobrevivido y no parece tampoco suficiente como para establecer un hipotético paralelismo con los elementos de otros lugares que mantienen tradiciones similares, cuyos principales enemigos continúan siendo, incluso más que el tiempo, los propios hombres.
Situado relativamente cerca de Pancorbo y esos imponentes Montes Obarenes (1), Bellojín acusa en la actualidad una preocupante falta de ocupación vecinal, reduciéndose ésta poco más o menos que a varias familias residentes, que viven de la agricultura y la ganadería. Se sabe, que el templo fue reformado en tiempos; reforma en la que se descubrio un pequeño ventanal en el muro, y en la que posiblemente se descubrieran también las pinturas que se sabe tiene en su ábside. El pórtico principal, muy sencillo, conserva al menos un curioso capitel en el que se muestran dos elemntos determinativos del conocimiento en la simbología medieval, aunque de naturaleza completamente opuesta: aves y serpientes enfrentadas. El otro capitel, así como el del ventanal del ábside y el descubierto durante la mencionada reforma, muestran motivos foliáceos, abundantes y caracteristicos de un arte como el románico. En el arco del pórtico se aprecia, así mismo, un motivo ajedrezado, que en absoluto difiere de otros muchos templos, siendo probable que hubiera estado policromado en tiempos.

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De los canecillos que han sobrevivido, realmente pocos, llama´la atención aquél que representa un rostro humano y alargado, de guerrero, al parecer, a juzgar por el casco o bonete con protección nasal que porta. Junto a él, un rostro más pequeño e indeterminado, que se encuentra en peores condiciones. Acompañan a éstos, una formidable cabeza monstruosa -cuya boca y labios semejan una serpiente, en la que se aprecian unos dientes afiladísimos- y también un curioso personaje, quizás incompleto, pero que, dada la posición de sus manos, bien pudiera hacer referencia al vicio en solitario del onanismo.

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(1) Hemos de situar a Bellojín, en lo que se conoce como la Ribera Alta de Álava, entre las salinas de Añana y el Parque Natural de Valderejo, perteneciente al concejo de Villamaderne.

sábado, 19 de mayo de 2012

Templarios en Euskadi: Argandoña, iglesia de Santa Columba


'Vamos a pasar rápidamente por los lugares templarios de Euskadi. Su búsqueda nos alargaría el itinerario y, en su mayor parte, son más recuerdos transformados que realidad inmediata. Así, Arcentales tuvo una iglesia parroquial que perteneció al Temple; en Argandoña se encontraba una iglesia de Santa Columba también templaria...' (1)

No es de extrañar que, al igual que en muchas otras comunidades y provincias de la Península Ibérica, Euskadi cuente así mismo con una génesis fantasma, en cuanto al Temple se refiere, asociada con algunos lugares más o menos representativos de sus provincias. Una tradición que, desgraciadamente, continúa, a falta de documentación histórica que la avale, con la mediática ambigüedad de la tradición. Una tradición que, transmitida de generación en generación al calor de las lumbres de los hogares, ha terminado por ser considerada, en no pocos lugares, como cuentos de viejos. Dimes y diretes de lo que algunos templos, o incluso algunas piedras irreconocibles, pudieron o no ser. Tal sería el caso, en principio, de éste templo de Santa Columba, en Argandoña, y también -ejemplo que veremos en una próxima entrada- de la iglesia de San Cornelio y San Cipriano, de Bellojín, ambas poblaciones alavesas, y ésta última, en particular, con una preocupante falta de habitantes.
Argandoña y su término municipal, se localizan en las proximidades de uno de los Santuarios más conocidos del País Vasco, y por supuesto, dentro también del Camino de Santiago: el de Nª Sª de Estívaliz, una Virgen de probables connotaciones Negras, cuyo culto, probablemente también, constituya una visión, convenientemente cristianizada, de los antiguos cultos a la Gran Diosa Madre, la Andra Mari vasca, que aún conserva su título en algunas ermitas, como en aquélla que se localiza en la población de Ullibarri-Arana, en las cercanías de la Sierra de Urbasa, en la frontera con la provincia de Navarra. La situación del enclave, el tupido bosque que lo circunda y la presencia de algún dolmen -reproducción o no del original o de los originales que en tiempos debieron de conformar el carácter sacro del lugar- así lo sugieren. Como también sugieren algunos de los elementos que conforman el templo, procedencias ajenas, incluídas, es de suponer, aquéllas que se echan a faltar en la iglesia de Santa Columba de Argandoña.
De la primitiva fábrica románica, apenas se puede reconocer el ábside, así como la portada principal de acceso. Y no obstante, en los distintos ornamentos decorativos que conforman los capiteles de uno y otra, pueden apreciarse -aparte de la calidad, detalle interesante para una población aparentemente tan pequeña- la presencia de algunos elementos, significativos cuando no inquietantes. Lo más inquietante de todo, aquéllo que puede inducir a alimentar siquiera un poco más la hipotética pertenencia en tiempos de la iglesia a la Orden del Temple, se reduce, a mi juicio, en la visión de dos imponentes estrellas de seis puntas o Sellos de Salomón, que destacan en uno de los capiteles del ventanal absidal. Símbolo hebráico y presumiblemente ajeno a la ortodoxia cristiana, que curiosamente también se localiza en algunos templos supuestamente templarios, como Santa María de la Oliva, en el concejo de Villaviciosa, en Asturias, o conformando el motivo principal del rosetón de la iglesia de San Felipe, en la alcarreña población de Brihuega.

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(1) Juan García Atienza: 'Guía de la España templaria', Editorial Ariel, S.A., 1ª edición, marzo de 1985, página 42.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Nuevo libro de Ángel Almazán: Guía templaria de Guadalajara



Ángel Almazán de Gracia, prolífico escritor e investigador, acaba de publicar un libro que, auguro, tendrá una excelente acogida para todos aquellos interesados en la Orden del Temple en general, y un entrañable regusto propio para aquéllos interesados que, siendo o viviendo en Guadalajara vean otro atractivo de gran interés relacionado con su provincia.
Para la presente edición, Ángel -a quien tengo el grato placer de conocer personalmente y a quien agradezco profundamente el detalle del ejemplar que ha tenido a bien enviarme- cuenta como prologuista a una persona, Antonio Herrera Casado, cuyo amplio conocimiento de la provincia nos ha provisto, a los que venimos detrás, de numerosa información, detalles y alicientes, como para emprender la apasionante aventura de descubrir tantas maravillas bajo la autorizada tutela de su guía. Como me veo incapaz de superar ese espléndido prólogo a que hago referencia, con su permiso, y a modo de encarecida recomendación de la obra, expongo aquí parte de unas afirmaciones que, estoy seguro, no defraudarán a los posibles lectores:

'Hay miles de viajeros, andarines, gentes de macuto y guía, de cuaderno de notas y Nilon digital, que cada semana, cada primavera, cada día incluso, se echan a los caminos de España a descubrir sus maravillas recónditas, a rebuscar sus perdidas leyendas, y en algunos casos a escudriñar ruinas, signos y memorias relatadas. La leyenda de los templarios, de los que ahora hace justamente setecientos años que fueron disueltos como Orden y como conjunto humano, ha seguido viva y despertando el interés de esos viajeros, de los estudiosos, de los que quieren saber más, como ellos lo hicieron en sus viejos siglos. En ayuda de todos viene esta "Guía templaria de Guadalajara". En la que hay historia, hay descripción de edificios y símbolos, y hay sobre todo, elocuente y bien trazada, disertación de la sabiduría esotérica del medievo. Una mezcla apasionante que no le va a defraudar al lector. Que le va a animar, espero, a echarse al camino y buscar de nuevo esas huellas templarias tan escondidas'.
[Antonio Herrera Casado]

¡Enhorabuena, Ángel!.

jueves, 10 de mayo de 2012

¿Hace una partida de mus, Maestre?


- El Gran Maestre envida; el Caballero dice ¡órdago!; la Dama las ve...

A veces me pregunto si Hugues de Payns y sus nueve compañeros fueron conscientes, en aquéllos nebulosos días de 1118, del efecto mediático que la creación de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, habría de crear, siglos, generaciones después de su desafortunada disolución. Es tal la fascinación despertada por tales soberbios y aguerridos monjes-guerreros, que la pasión por llegar a conocer su vida y sus secretos, ha creado, a su vez, un monstruoso agujero negro, capaz de tragarse todo cuanto se le acerca o aproxima, con el único fin de seguir creciendo. El Temple despierta pasión; el Temple interesa; el Temple vende. La Leyenda Templaria -más que la Leyenda Dorada, de la Vorágine-, cada día se ve aumentada, acrecentada por esa pasión que, a la vez que mancilla la auténtica realidad de lo que fue y significó la Orden en sí, los ideales de sus miembros y su protagonismo histórico, genera pingües beneficios. No importa lo que se diga, lo que se escriba o lo que se venda, porque cualquier cosa, por fantástica que sea, enseguida se la relaciona con el Temple. El Temple fue, quizás, esa mano izquierda de Dios que, según algunos, nunca ha existido. Hay quien piensa -puede que con motivos o sin ellos, no seré yo quien lo juzgue- que los templarios introdujeron en Europa el juego de la oca, y también el ajedrez. E incluso, rizando el rizo, también que fueron los introductores -cuando no los creadores- de las cartas del Tarot, láminas simbólicas donde las haya que, según otros, procederían de la misteriosa Tabula Smeragdina de Hermes Trismegisto. Por una vez, no ha sido Heraclio Fournier quien ha introducido esta novedosa baraja de cartas, la Baraja Templaria, que aquí presento, con la que me tropezé en un lugar en el que el Temple despierta aún multitud de sentimientos: Ponferrada. La única referencia que tengo sobre su creador, es el nombre de una empresa, que figura en la cajita -Sistemas Integrales de Imagen- aunque no sabría decir si se trata de una iniciativa propia o un encargo comercial. Yo creo más bien lo último. Aunque, eso sí, reconozco que cuando la vi en una tienda -no recuerdo el nombre, por lo que espero que su amable dependienta tenga a bien perdonarme semejante olvido- me llamó tanto la atención, que no pude resistir la tentación y me traje un juego. Tampoco recuerdo el precio, pero creo que no fue nada barato. Que cada cual juzgue el asunto a su manera. Yo sólo me limito a presentarla aquí como una curiosidad más, afín al mundo templario, mientras preparo nuevas entradas, situadas allende las fronteras de León. Aunque, como dice la canción de Abba que complementa el vídeo: el Camino que siguieron los viejos Amigos...

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lunes, 7 de mayo de 2012

Corullón: una iglesia y un castillo


Otra de las fortalezas templarias que jalonan una región tan fascinante, como es el Bierzo leonés, se localiza precisamente aquí, en Corullón, un pueblo apenas distante un par de kilómetros, tres a lo sumo, de Villafranca del Bierzo, y por lo tanto, también de esa puerta a Galicia que, como apuntaba en la entrada anterior, se localiza en Piedrafita y la ascensión al puerto de O Cebreiro. Si bien a simple vista, la fortaleza se encuentra en un estado aparentemente mejor que muchas otras -su sólida torre del homenaje, es un buen ejemplo de ello- lo verdaderamente interesante radica, sin embargo, en la cercana iglesia de San Miguel. Una iglesia, cuyo aspecto macizo, extraño quizás, fomenta en el observador la idea de una pequeña fortaleza en sí misma. Una iglesia-fortaleza, por tanto, que juega con la tradición -no corroborada documentalmente, según parece- de que a principios o mediados del siglo XII, fue convento de templarios. Y bien que pudo serlo, si en principio, dejamos seducir la imaginación, con la hipotética sugerencia que nos ofrece su estructura, así como los no menos curiosos aditivos simbólicos que conforman su iconografía, canes y capiteles principalmente. Eso, por no mencionar el sugestivo diseño del tímpano de su portada principal, situada en el lado sur, reproduciendo las casillas de un tablero de ajedrez, que muy bien pudieron estar pintadas en tiempos con los colores del Bauceant del Temple; es decir, con los colores blanco y negro.
Llama la atención, dirigida la vista hacia ese punto de unión que conforman los arcos ciegos que se aprecian por encima de la portada, la presencia de pequeñas y solitarias cabezas, de índole humana, animal y monstruosa, que parecen surgir espontáneamente del universo sólido de la piedra, cual astros fugaces de indeterminada catalogación, aunque no sea excusa suficiente como para incluir aquí el viejo mito relativo a los inciertos baphomets. La dualidad también está presente en algunos de los motivos que se observan en los capiteles, así como la presencia, entre la foliácea población, de curiosos seres, que parecen llamarnos la atención hacia una visión encubierta de la antigua cosmogonía celta que, en el fondo, puebla los soliloquios circunstanciales de muchos templos representativos de un arte del espíritu, como no deja de ser este que, a falta de mejor denominación, conocemos con el nombre de románico.
Hay autores que apuntan la posibilidad de que el templo sea anterior a ese siglo XII que comentábamos al principio de la presente entrada. Y pudiera ser; pero eso también supondría, bajo mi punto de vista, aceptar que sus posteriores moradores incluyeron una serie seria -permítaseme la expresión- de reformas en su estructura, hasta reconvertir el templo en el aspecto que tiene en la actualidad. Evidentemente, todo es cuestionable. Lo que no parece cuestionable, y en cierto modo, continúa la tradición seguida tras la desgracia de los templarios, es que, entre los propietarios de ésta iglesia de San Miguel de Corullón, figuran también los monjes-guerreros de la orden del Hospital de San Juan de Jerusalén que, como todos sabemos, fueron especialmente beneficiarios de muchos de los bienes de los fratres milites del Temple.
Por último, reseñar la existencia de un estupendo calvario procedente de esta iglesia -que algunos autores sitúan ya dentro de las connotaciones del arte gótico- que se converva actualmente en el Museo de León, en el que, aparte de la cruz, se observa la carencia de brazos en la figura de Cristo. Sea como sea, Corullón no deja de ser un lugar de interés para todo amante del Temple y su mundo, y además cuenta con otra iglesia románica -la de San Esteban, bastante cercana, por cierto-, cuya portada y ornamentación no dejarán, en modo alguno, de resultar igualmente interesantes.


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sábado, 5 de mayo de 2012

Balboa: restos templarios


Dentro de la numerosas fortalezas otorgadas al Temple en el Reino de León, y dependiente de la encomienda principal de Ponferrada, cabe destacar aquélla cuyas ruinas aún son visibles, dominando, como un halcón, al pequeño pueblo de Balboa.
Balboa -o Valbona, como también era y es conocido- está situado en las cercanías de Villafranca del Bierzo y esa puerta de entrada a Galicia, que todo peregrino asciende no sin esfuerzo, que es el puerto de O Cebreiro. Aquí, el Bierzo dice adiós, y el viajero penetra en otra región no menos carismática y 'mágica', como son los Ancares. Prueba de ello, la tenemos en el detalle -que es, en cierto modo, un anticipo de lo que espera más adelante- de sus reacondicionadas pallozas, testigos inmutables de unas milenarias raíces celtas.
Aunque todavía es apreciable la esbelta torre del homenaje, ésta se encuentra resquebrajada en uno de sus laterales, como si un rayo certero hubiera incidido en la superficie, separando, cual bíblico Moisés las aguas del Mar Rojo, piedra y mortero. Se podría decir, por tanto, que es poco menos que un milagro que todavía se mantenga en pie. Sus muros se amoldan sobre la roca, de ahí su curiosa forma ovoide, y ya existía, como poco, en el siglo XI, siendo tomada al asalto en 1072, por el rey Alfonso VI, pues en su interior se cobijaban bandidos que asaltaban impunemente a los peregrinos que se dirigían hacia Galicia.
Es de suponer, que el castillo de Balboa formara parte de ese extenso lote de propiedades otorgadas a los templarios por el rey Fernando II, como premio por su ayuda durante la campaña de 1166. De la iglesia del pueblo, muy modificada, aunque todavía se puede admirar su hermosa torre, y a diferencia de la cercana iglesia de San Miguel, en la cercana población de Corullón, no me consta que fuera o perteneciera a los freires del Temple, aunque tampoco habría que descartar, sin más, tal posibilidad.
Por último, añadir que no deja de ser curiosa la presencia de un monstruo marino -un cuélebre, en el fondo-, que se aprecia en el escudo del pueblo, bien visible en la fachada de su Ayuntamiento.

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