jueves, 10 de mayo de 2012

¿Hace una partida de mus, Maestre?


- El Gran Maestre envida; el Caballero dice ¡órdago!; la Dama las ve...

A veces me pregunto si Hugues de Payns y sus nueve compañeros fueron conscientes, en aquéllos nebulosos días de 1118, del efecto mediático que la creación de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, habría de crear, siglos, generaciones después de su desafortunada disolución. Es tal la fascinación despertada por tales soberbios y aguerridos monjes-guerreros, que la pasión por llegar a conocer su vida y sus secretos, ha creado, a su vez, un monstruoso agujero negro, capaz de tragarse todo cuanto se le acerca o aproxima, con el único fin de seguir creciendo. El Temple despierta pasión; el Temple interesa; el Temple vende. La Leyenda Templaria -más que la Leyenda Dorada, de la Vorágine-, cada día se ve aumentada, acrecentada por esa pasión que, a la vez que mancilla la auténtica realidad de lo que fue y significó la Orden en sí, los ideales de sus miembros y su protagonismo histórico, genera pingües beneficios. No importa lo que se diga, lo que se escriba o lo que se venda, porque cualquier cosa, por fantástica que sea, enseguida se la relaciona con el Temple. El Temple fue, quizás, esa mano izquierda de Dios que, según algunos, nunca ha existido. Hay quien piensa -puede que con motivos o sin ellos, no seré yo quien lo juzgue- que los templarios introdujeron en Europa el juego de la oca, y también el ajedrez. E incluso, rizando el rizo, también que fueron los introductores -cuando no los creadores- de las cartas del Tarot, láminas simbólicas donde las haya que, según otros, procederían de la misteriosa Tabula Smeragdina de Hermes Trismegisto. Por una vez, no ha sido Heraclio Fournier quien ha introducido esta novedosa baraja de cartas, la Baraja Templaria, que aquí presento, con la que me tropezé en un lugar en el que el Temple despierta aún multitud de sentimientos: Ponferrada. La única referencia que tengo sobre su creador, es el nombre de una empresa, que figura en la cajita -Sistemas Integrales de Imagen- aunque no sabría decir si se trata de una iniciativa propia o un encargo comercial. Yo creo más bien lo último. Aunque, eso sí, reconozco que cuando la vi en una tienda -no recuerdo el nombre, por lo que espero que su amable dependienta tenga a bien perdonarme semejante olvido- me llamó tanto la atención, que no pude resistir la tentación y me traje un juego. Tampoco recuerdo el precio, pero creo que no fue nada barato. Que cada cual juzgue el asunto a su manera. Yo sólo me limito a presentarla aquí como una curiosidad más, afín al mundo templario, mientras preparo nuevas entradas, situadas allende las fronteras de León. Aunque, como dice la canción de Abba que complementa el vídeo: el Camino que siguieron los viejos Amigos...

4 comentarios:

Alkaest dijo...

Yo... ¡No voy!

¿Para cuando un santuario a "San Márketing Bendito"?

No tengo palabras, o si las tengo mejor las reservo para la intimidad.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

En realidad, mi estimado Alkaest, sabes que te entiendo perfectamente. Creo que esto es un buen ejemplo de hasta qué punto levanta interés y fascinación el Temple y su universo, para convertirse en algo tan mediático y perdurable a través de los siglos. Esto demuestra, también, lo especial que fue. Entiendo que no vayas, de manera que yo tampoco envido...
Un abrazo

Alkaest dijo...

Te doy toda la razón, porque esa es la esencia de los grandes mitos, que se reconstruyen y reiventan constantemente. Por encima de modas, épocas, e ideologías, zarandeados por unos, o mimados por otros, atraviesan el contínuo espacio-temporal.
Y el Temple, es uno de tales grandes mitos.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Y creo que lo seguirá siendo aún por muchos siglos. Además, y creo que también es justo especificarlo, en Ponferrada y el Bierzo se ha mantenido con orgullo esta memoria, detalle no extensible, por desgracia, a la mayoría de las regiones y provincias. Un abrazo