La Colegiata de San Isidro y el hombre del Santo Sudario de Turín
En ocasiones, hace falta un revulsivo inesperado para acometer la intencionalidad de visitar un lugar por el que has pasado centenares de veces y curiosamente, nunca te has decidido a traspasar el umbral, quizás motivado por un estricto sentido de crítica artística: la Real Colegiata de San Isidro. Ciertamente, reconozco que no soy muy entusiasta de un estilo, el Barroco, que a partir del siglo XVII fue diseminándose como un reguero de pólvora por las principales ciudades de la Península Ibérica, dando lugar a lo que, en mi opinión, podría considerarse como una visión de arquitectura sacra basada en la opulencia y alejada de las austeridades más acordes de estilos anteriores. De hecho, si bien en diseño no difiere esencialmente de las tradicionales formas de los templos precedentes, manteniendo incluso su planta en forma de cruz, coincido con la opinión de literatos, como Gustavo Adolfo Bécquer, en cuanto a un exceso de ornato, en cuyo interior se tiene la inevitable impresión de...