domingo, 11 de marzo de 2012

La Dama Templaria de Ponferrada: la Virgen de la Encina





'En todas las almas, como en todas las casas, además de fachada, hay un interior escondido'.

[José Saramago]


Afirma Rafael Alarcón (1), que cuando el río de la tradición suena, es que agua histórica lleva. Tradición e historia se confabulan en leyenda, aquí en Ponferrada, para enmascarar un fenómeno generalizado en toda la Península en el que, lejos de ser el típico pastor o pastorcilla quienes se encuentren con la afortunada aparición mariana, en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, el protagonista de esta curiosa historia, es un caballero templario, cuyo nombre, he de confesarlo, sin ánimo de emular a don Miguel de Cervantes, no es que quiera olvidarlo, sino que he sido incapaz de encontrar.

Debió de suceder, si los datos históricos son correctos, allá por el año 1228, fecha en la que se sabe, con cierta certeza, pues figura en documentos, que los templarios ya estaban instalados en ésta Pons Ferrata, a la que habían accedido por donación del rey Alfonso VI. Lo que hoy en día contemplamos como una hermosa fortaleza, a pesar de los embites del tiempo y de los hombres, por aquél entonces, no debía estar tampoco en muy buenas condiciones, cuando los fratres milites procedieron a su reconstrucción. Es aquí donde la historia se transfigura en caprichosa transformista, para revestirse con el hábito oscuro de la leyenda, y referir la aparición, en el interior del tronco de una encina -de ahí su nombre y también la curiosa coincidencia de que éste era uno de los árboles sagrados de los antiguos druidas- de la que, a partir de entonces, se convertiría en la Patrona indiscutible de El Bierzo, conocida, también, con el nada desdeñable apelativo de La Morenica.

Si ya de por sí, es sospechosa la aparición de diferentes imágenes marianas en lugares cercanos a donde el Temple había aposentado sus Crísticos estandartes -no son pocos los autores que consideran a templarios y cistercienses los, si no introductores, al menos sí en buena parte responsables del culto a la figura de la Santa Madre- hasta el punto de no sospechar una posible relación, esta historia, desde luego, se lleva la palma. Y no deja de ser curiosa, así mismo, la leyenda que afirma que fue traída de Jerusalén por el mismo santo Toribio de Liébana, en aquéllos aciagos días del siglo VII que precedieron a la invasión musulmana de la Península, y por supuesto, tallada por el mismísimo San Lucas. Curioso personaje, este santo Toribio, que no deja de recordarme, por la gran recaudación de reliquias que se le achaca -y ruego, se me perdone la licencia literaria-, a un visigótico Indiana Jones, que dejó en evidencia el depóstio arqueológico sacro del lugar. Y no es broma, porque santo Toribio de Liébana es el responsable, también, de haber traído a la España visigoda, ese cofre conteniendo un número elevado de reliquias que fue ocultado en la cima del Monsacro asturiano y que hoy se custodian en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.
Por otra parte, la imagen que se puede ver hoy en día de ésta aparecida Virgen de la Encina, tampoco es la original, perdida, he de suponer que en circunstancias poco claras, por lo que intentar acercarnos a un atisbo de interpretación de su simbolismo, sin saber si la copia recoge fielmente los atributos de la original, sería una vana y a la vez aventurada especulación. Aunque sí resulta curioso, y quizás poco habitual, el detalle de la mano derecha de la Virgen, sirviendo de soporte al pie del Niño (2). No obstante lo comentado, baste saber que la imagen actual se localiza en el interior de la basílica que lleva su nombre (3), en un camerín (4) instalado en el Retablo Mayor, atribuido a la escuela de Gregorio Fernández, datado entre los años 1630 y 1640. Curiosamente, y de similar manera a como se puede observar en el templo burgales de San Juan de Ortega, hay una representación del Juicio Final -espeluznante, en cierto modo, por su simbólico dramatismo- aunque aquí queda situada en la parte superior del valioso Retablo Mayor.

En la plaza, que también lleva por nombre el de la Virgen de la Encina, se localiza una interesante escultura de Venancio Blanco, que muestra al hermano templario que la encontró, portando la imagen en una mano, la espada de caballero en la otra, y a su lado, el tronco de encina donde la imagen se mantuvo oculta de la morisma.

Como dato a tener en cuenta, añadir que en la localidad madrileña de Hoyo de Manzanares, también se rinde culto a la Virgen de la Encina, además -detalle curioso, porque volvemos a encontrarnos con reminiscencias de índole céltica- de celebrarse la fiesta de los calderos, que coincide con el solsticio de verano, donde una vez guisadas las calderetas, es tradicional entregar a los comensales los platos de espaldas, para así no diferenciar entre vecinos y forasteros.




video


(1) Autor y persona de gran calidad humana, a quien no sólo tengo el gusto de conocer personalmente, sino también de considerarlo -y lo digo con orgullo y gratitud- amigo y maestro, y cuyos libros recomiendo, en la seguridad de que los contenidos en 'A la sombra de los templarios', 'La otra España del Temple', o 'La última Virgen Negra del Temple', no dejarán a nadie indiferente, siendo un referente de primera clase para todo aquél que quiera aventurarse en el apasionante Universo Templario.

(2) En O Cebreiro, llama la atención un detalle similar, que se localiza en la talla mariana de Santa María la Real, del siglo XII, en la que la mano derecha de la Madre, sirve de soporte al brazo derecho del Niño, en cuyos dedos parece advertirse el símbolo de la victoria.

(3) Fue edificada sobre planos de Juan Alvear, antes de 1573. La torre, de sección cuadrada y diversos cuerpos, fue iniciada en 1614, prolongándose su construccion durante el siglo XVII.

(4) Añadido en el siglo XVIII.

6 comentarios:

Alkaest dijo...

Compadre Juancar, es de lamentar que, en efecto, la imagen de Nuestra Señora no sea ya la original.
Hubo de tratarse, desde luego, del modelo propio de la época, una Virgen sedente, con el Niño en el regazo. Desaparecida en tiempo desconocido, pero seguramente tras el abandono templario de la fortaleza.
A mi entender, esa "aparición" en los troncos de árboles, antaño sagrados, delatan descaradamente que se está procediendo al "sincretismo", o sustitución, de un culto ancestral, por parte del nuevo mundo mítico judeo-cristiano.
Porque es bien sabido, que los viejos dioses no mueren, se transforman por metamorfosis en los dioses modernos. Los cuales, a su vez, algún día sufrirán igual metamorfosis y renacerán con formas que ni siquiera podemos imaginar.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Es cierto, Magister, muchas de las imágenes marianas, 'milagrosamente' encontradas, coinciden con la presencia del Temple y el Císter en la zona. Hay quien afirma que la imagen actual de La Morenica berciana, es del siglo XVI, pero cuando dudo de que reproduzca fielmente a la original, no me refiero a que mantenga las características propias de las imágenes virginales de la época, es decir, sedentes y entronizadas, sino más bien a los detalles. Como observarás, existen ciertas 'curiosidades' (bajo mi punto de vista) como son la del 'apoyo' que ofrece la Madre al Hijo, y que se puede comprobar en las imágenes de Santa María la Real de O Cebreiro y ésta de la Virgen de la Encina, y que, si te fijas, no encontrarás en la mayoría de imágenes. Otro tema que me hace dudar, es el de los símbolos: bola, manzana, melocotón, cetro...cada uno con un mundo interpretativo detrás. Muy cierto, también, que los viejos dioses como dices, nunca mueren. Un buen ejemplo de ello (y cito a Frazer) es el culto a Diana; no sólo quedan numerosas referencias fonéticas, sino que también una buena pista la tienes en los exvotos que todavía se pueden encontrar en el interior de algunos templos. En fin, se podría decir que no hay nada nuevo bajo el sol, pero sí muchas sombras que despejar. Un abrazo

Alkaest dijo...

Si me permites una precisión, el Temple obtuvo Ponferrada, de Fernando II, hacia 1178. Y en ese momento, mientras construía la fortaleza templaria sobre las ruinas del fuerte romano allí existente, apareció la Virgen en una encina del bosque donde se talaba madera para la obra.
Luego, en 1204, por desavenencias con el rey, Alfonso IX les retiró Ponferrada y las posesiones anejas, que entrego a diversos nobles. Hasta que en, 1211, hicieron un convenio, y el monarca les devolvió casi todo lo retirado anteriormente.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Por supuesto, Magister, permito y agradezco. Reconozco que quizás, en un exceso de celo, me he dejado llevar por la fecha de cierto documento (1236) en el que ya se citaba a la Orden, para al menos no errar sobre su presencia en el lugar, en tiempos más o menos confirmados. Fernando II, fue un rey sin duda solícito con el Temple y probablemente a él se deba que los templarios se extendieran por León, Galicia y Asturias.Y en este último caso, ya sabes las dificultades que existen para demostrarlo. Un abrazo

Syr dijo...

Algo de eso pensé yo cuando, hace ya algún tiempo te regalé una "estampita" que recogimos para tí en unos de nuestros viajes por Artziniega (Álava) cuando bajábamos a las Merindades.

Guarda la misma composición y la leyenda de su aparición sobre el árbol sagrado. Un abrazo

juancar347 dijo...

Creo recordar que esa estampita la tengo en una de mis entrañables libretitas. No quisiera meter el dedo en llagas ajenas, pero el tema se las trae, porque, dado que hay variedad de imágenes y cultos a esta Virgen de la Encina, ¿cabría pensar en ésta imagen ponferradina el foco del cual surgieron las demás?. Bien pudiera ser que se extendiera a medida que se iban reconquistando territorios. La que menciono en las cercanías de Madrid, bien pudiera ser una prueba de ello. Un abrazo