viernes, 9 de marzo de 2012

El castillo templario de Ponferrada



'LA NOCHE TEMPLARIA'

La Noche Templaria es la recreación de un acontecimiento medieval fantástico. Bajo la luz de la primera luna llena del verano, Frey Guido de Garda, Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, vuelve a la ciudad del Puente de Hierro para sellar con ella un pacto de eterna amistad y entregale la custodia de los símbolos hallados en la tierra sagrada de Jerusalén: la sagrada Arca de la Alianza y el Santo Grial. La comitiva Templaria es recibida en la Glorieta del Temple por miles de ponferradinos ataviados con ropajes medievales que, en desfile y custodiando el Arca de la Alianza y el Santo Grial, se dirigen hacia el Castillo. Allí se realiza un Juicio a la Orden Templaria.

Yo, Guido de Garda, Maestre de la fortaleza de Ponsferrata, comprometo a todo el pueblo de Ponferrada para que vuelva cada año a renovar este compromiso festivo con su historia y su leyenda hasta que el tiempo llegue a borrar la línea del horizonte.

Música, fuegos artificiales, ordenación de caballeros, animación de calle, degustaciones gastronómicas, cena templaria, talleres infantiles, torneo, mercado medieval y bailes...' (1).


Cualquiera que sea la condición de la persona o los motivos particulares que desvíen su atención hacia lo que en buena ley, podríamos denominar como el fenómeno templario, tendrá que reconocer que existe una región, El Bierzo leonés, donde su recuerdo permanece aún muy activo en la memoria colectiva de sus gentes. Sin ánimo de llegar a extremos de pensamiento exagerados, y también dejando aparte la notable comercialización generada por el tema, a todos los niveles, este recuerdo se aviva, o mejor dicho, se presiente de manera más lúcida e intensa, en una ciudad como Ponferrada. Una ciudad que cuenta, entre otras curiosidades dignas de mención, con su Glorieta del Temple -en la que una imponente escultura de Óscar Albariño, del año 1999, muestra a un caballero templario al galope, con su hábito de guerra y sus armas al completo-, con un Barrio del Temple, con un parque del Temple o, sin ir más lejos, y poco menos que enfrente de la mencionada escultura de Albariño, con un Hotel Temple, sin olvidar esa Noche Templaria, mágica y medieval, que en los estíos anima la fantasía de propios y extraños, renovando los votos del recuerdo -como manda la ancestral tradición solsticial- para con Guido de Garda, el que fuera uno de sus históricos Maestres y con unos caballeros que, no para ellos sino para gloria del nombre de Dios, se extendieron por la región para repoblarla, custodiar y proteger a los peregrinos y, compártase o no la idea, salvaguardar la Tradición.





Si bien es cierto que la afluencia de turistas, historiadores, investigadores y curiosos ha podido ser una de las razones principales que ha llevado a la Junta de Castilla y León y es de suponer que también al propio Ayuntamiento de Ponferrada a hacer de su emblemático castillo una bella atracción temática, no es menos cierto que una visita a éste, se convierte, por poca imaginación que se despliegue en el intento, en una aventura con el grado de intensidad que cada uno le quiera conceder. No en vano la ciudad, con la separata del Puente de Hierro, gira y se extiende en torno de él. A su vera, sin perder un momento de vista sus arcanos muros, la iglesia de San Andrés -recordemos la cruz en forma de aspa o decussata que le caracteriza, por ser instrumento de su martirio y que, de hecho, caracteriza también a otros dos santos de particular relevancia en el Norte, como son San Vicente y Santa Eulalia- y por supuesto, el hogar y morada de la Patrona del Bierzo por excelencia, la Virgen de la Encina, a cuya vera, se muestra una excelente escultura de Venancio Blasco, que la muestra con el caballero templario que, según la leyenda, la descubrió.
De las numerosas Taus grabadas en la piedra, en la actualidad, quedan poco menos que cuatro, y al menos dos, no en muy buenas condiciones, sabiéndose que al menos una, fue trasladada al cementerio viejo. Pero que nadie se equivoque, porque, a pesar de los pesares, dichas cruces parece que son posteriores al periodo de ocupación templaria del castillo, fechándose en la época en la que éste estaba bajo la posesión del conde de Lemos (2). Muchos fueron, es cierto, los objetos encontrados que sí corresponden al periodo de ocupación templaria y hoy día permanecen dispersos, en su gran mayoría, en colecciones y casas particulares. Es de suponer, que si se realizaran excavaciones en su recinto, aparecían aún numerosos objetos que harían las delicias de los historiadores.
Por otra parte, hay investigadores (3) que abordan la forma de las estructuras principales del castillo -como, por ejemplo, las torres- otorgándoles correspondencias astronómicas. Teoría posible, desde luego, pero en modo alguno novedosa, pues ésta correspondencia constructiva ya era utilizada por los constructores de las grandes civilizaciones de la Antigüedad. Y un buen ejemplo de ello, lo tenemos en la aseveración de Mircea Eliade (4), que refiere que todas las ciudades babilónicas tenían su arquetipo en constelaciones: Sippar, en el Cáncer; Nínive, en la Osa Mayor; Assur, en Arturo...
No obstante, tampoco es mi intención hacer una entrada simplemente de los datos ya conocidos o fáciles de conocer, sino la de sugerir al posible lector la conveniencia de visitar el castillo, dejando a un lado sus vericuetos netamente históricos, para mantener una posición de apertura hacia su vertiente exclusivamente romántica que, estoy seguro de ello, le deparará unos momentos de auténtico placer evocador.




(1) 'Ponferrada, Guía Turística', editada por el Excmo. Ayuntamiento de Ponferrada (Concejalía de Turismo y Juventud) y la Junta de Castilla y León.

(2) Aunque difiícil de encontrar, pues constituye todo un clásico, se recomienda la lectura del libro 'El castillo de Ponferrada y los templarios', José María Luengó y Martínez, Editorial Nebrija, S.A., 1980, Colección Biblioteca Berciana, en la que la persona interesada encontrará una gran profusión de datos inestimables, que le acercarán en gran medida a la realidad histórica del castillo, sus ocupantes y la gran cantidad de objetos encontrados a los que hacía referencia.

(3) Para quien desee profundizar en este aspecto del castillo de Ponferrada, se recomienda la lectura del libro de Juan Pedro Morin Bentejac y Jaime Cobreros Aguirre, 'El Camino iniciático de Santiago', Ediciones 29, 1976.

(4) Mirce Eliade, 'El Mito del Eterno Retorno', Editorial Planeta-De Agostini, S.A., 1ª edición, junio de 1985, página 15.

EnEntrada publicada en Steemit, con fecha 11 de diciembrhttps://steemit.com/spanish/@juancar347/el-castillo-templario-de-ponferradae de 2017: 

4 comentarios:

Alkaest dijo...

Antaño se decía: "la pela es la pela", traducido al lenguaje actual: "el euro es el euro".
Así pues, lo que antaño era una curiosa ruina, destrozada por los más variados usos y abandonos sucesivos, ha terminado convirtiéndose en un "parque temático del Temple".
Mejor eso que su desaparición, nos susurra la lógica, mejor bastardo que muerto y podrido, nos sugiere la razón.
No obstante, no puedo dejar de añorar aquel tiempo, cuando cuatro locos y tres despistados, eran los únicos visitantes del castillo de Ponferrada.
No es cierto que cualquier tiempo pasado fuera mejor, pero tampoco es cierto que cualquier tiempo presente lo sea.
De cualquier modo, la fortaleza templaria de Ponferrada, tiene fuerza suficiente, en si misma, para continuar generando entusiasmo, misterio, y ganas de investigar su historia.

Y para mi, ha sido un honor y un placer, acompañar a este inquieto Peregrino en su descubrimiento.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

A veces es difícil llegar a tomar decisiones que agraden a todos. Aquí, como en numerosos aspectos de la vida, pienso en el eterno dilema shakespiriano: ¿rehabilitar, aún a riesgo de convertir en parque temático o dejar como estaba?. Es indudable que para un poeta o un espíritu romántico, las ruinas del castillo, tal como fueron, serían la panacea de su goce interior, su musa o pieza clave para despertar su imaginación; pero por otro lado, aún rehabilitado y convertido en parque temático, el castillo de Ponferrada se puede decir que tiene alma, un alma propia que atrae y a la vez repele; pero de una cosa estoy seguro, y es de que tanto el castillo como los más famosos de sus habitantes, permanecen presentes en el recuerdo popular Berciano como una especie de orgullo nacional. Y eso, teniendo en cuenta lo ingrato de la Historia y el olvido de numerosos lugares, no deja de ser otro triunfo del Temple. Un abrazo

Elentir dijo...

Acabo de descubrir tu magnífico blog. Soy muy aficionado a la historia del Temple desde que era un niño. A finales de marzo estuve en el Castillo de Ponferrada, me encantó. No conocía El Bierzo y he vuelto de allí con la sensación de como si lo conociese de toda la vida.

En mi blog ha escrito una entrada sobre este castillo intentando buscar la mayor cantidad de datos sobre él, ya en libros o en la red:
http://www.outono.net/elentir/2012/04/21/el-castillo-de-ponferrada/

Desde luego, es una pena lo que se hizo durante este castillo hace años, menos mal que lograron recuperarlo y hoy al menos tiene un aspecto digno.

Un saludo.

juancar347 dijo...

Hola, Elentir. Gracias por tu amable comentario. La misma impresión tuve yo a finales de enero, cuando pude recorrer algunos de los lugares más emblemáticos de El Bierzo, incluído, cómo no, este castillo de Ponferrada, que fue la encomienda principal de la Orden en la región. Desde luego, El Bierzo, con referencia al Temple, es algo especial. En pocos lugares te encontrarás tan vivo y tan sentido el recuerdo a estos caballeros medievales, que aquí. Uno de los libros más completos que se han escrito sobre el castillo de Ponferrada, es el de José María Luengo y Martínez, que cito en mi entrada. Es un auténtico clásico y en él encontrarás muchisimos datos de gran interés, por lo que te lo recomiendo, aunque no sea muy fácil de encontrar. Espero que tu interés por la Orden del Temple continúe avivándose en el futuro y que no dejes de visitar otros enclaves confirmados o supuestos, pues no cabe duda de que ir tras su escurridiza sombra resulta siempre una gran aventura. Saludos