lunes, 18 de marzo de 2013

El divino encanto de los templos de planta hexagonal: la iglesia de la Vera Cruz


'..en la Península Ibérica se encuentran hoy los ejemplos más impresionantes de iglesias que han pertenecido realmente a la Orden del Templo y que fueron construidas sobre un plano circular: la iglesia llamada de la Verdadera Cruz en Segovia y la rotonda de Tomar en Portugal. En esas regiones, donde la Orden del Templo fue incitada a manifestarse en su función guerrera como en Tierra Santa, las construcciones son fortalezas, tal como se las encuentra en Oriente o en raros casos como el del Templo de París, que era la "casa presbiteriana" y una de las principales casas de la Orden. En lo relativo al edificio propiamente religioso, la iglesia de Segovia, consagrada en 1208, fue construida con toda la intención de recordar el Santo Sepulcro de Jerusalén (¡y no el Templo de Salomón!); contenía una reliquia famosa de la Vera Cruz que fue a venerar el rey de España San Fernando...' (1).
 
Régine Pernaud, es conservadora de los Archivos Nacionales de Francia y lleva muchos años dedicada a la historia medieval, habiendo publicado numerosas obras de interesante y variada temática, tal y como se comenta en la contraportada de su libro dedicado a la Orden del Temple. El texto precedente, que sirve como introducción a la presente entrada, pertenece al capítulo tercero, dedicado a la arquitectura de los templarios. Y resulta tremendamente curioso que, si bien en este texto, la señora Pernaud se muestra rotunda con la autoría templaria de esta formidable iglesia de la Vera Cruz, en el párrafo precedente, niega, con absoluta rotundidad, también, que las iglesias de Santa María de Eunate y el Santo Sepulcro de Torres del Río, hubieran sido construcciones templarias. Detalle que no deja de ser chocante, en cierto modo, si nos planteamos la espinosa cuestión de si existío, en efecto, una arquitectura templaria, y en caso afirmativo, si el principal modelo -que no el único, evidentemente- seguía los patrones arquitectónicos de la iglesia-madre situada en Jerusalén. Precisamente aquélla, cuya cúpula divisaban los peregrinos desde la colina sobre la que se alzaba el monasterio de San Samuel; colina que, al igual que en las proximidades de Santiago de Compostela, entrañaba el apelativo "Montjoie", el Monte de la Alegría o Monte del Gozo, que indicaba al peregrino que estaba a punto de alcanzar la meta y que su viaje, piadoso, personal e iniciático, estaba llegando a su fin.
Lo que posiblemente no supiera esta brillante historiadora, por la que siento un gran respeto, es que, además de las tres iglesias de planta hexagonal citadas, existieron algunas otras -y cito la confidencia que hace algún tiempo me hizo de viva voz Rafael Alarcón Herrera- de las que no queda ni siquiera el recuerdo, pero que todavía existe una cuarta, a la que tanto historiadores como investigadores, apenas han prestado atención, llegando en algún caso a definirla, poco menos que como de aspecto burdo y chozo pastoril (2). Me refiero a la ermita de Santiago, anteriormente bajo la advocación de una Virgen Negra desaparecida, que lleva el nombre del monte que la acoge en su cima: el Monsacro asturiano.
Tampoco se menciona, salvo para compararla o denominarla gemela de la que se localiza en Santa María de Eunate, la portada de la iglesia cercana de San Miguel de Olcoz, elemento que continúa siendo un completo enigma y que plantea una serie de preguntas a cuál más interesante, cuando no desconcertante: ¿pertenecía a ese lugar o fue trasladada desde otro sitio?. Y si pertenecía, ¿cómo era el templo en sus orígenes?. ¿Podría haber sido, también de planta hexagonal?. O por el contrario, pertenecía a un templo gemelo, que se levantaba a escasa distancia del templo de Santa María de Eunate?.


De lo que no parece caber duda, es de que este tipo de edificaciones, fueron más conocidas en la España medieval de lo que realmente parece. Y el recuerdo de su planta de forma hexagonal, fue consignado en los ábsides de numerosos templos, incluso siglos después de que el románico quedara obsoleto y agachara la cabeza frente a otro estilo, el gótico, que pareció surgir de ninguna parte y comenzó a extenderse por todos los lugares, con una alquimia sacra que apuntaba directamente a los cielos.
La iglesia de la Vera Cruz, con su triple ábside, su fantástica torre defensiva y su singular edículo central, hacen de ella un templo único en su género, que posiblemente supere la magia geométrica desplegada en las demás, aunque resulte odioso caer en el falso espejismo de las comparaciones. Una extraña sensación se experimenta cuando se llega a las proximidades de Zamarramala -actualmente, una barriada de la capital segoviana- y se observa esta extraña maravilla extramuros, como una isla perdida en mitad de un océano. Resulta imposible, entonces, no preguntarse, cuál era su verdadera función.
Por su aspecto, además de fortaleza, se tiene la sensación, al poco de penetrar en su interior, de que era algo más que un templo en el que honrar a Dios, venerando, de paso, la nostalgia de una Casa-Madre que quedó definitivamente perdida, tras ser reconquistada Jerusalén por las tropas del sultán Saladino. Parece, más bien, un lugar de iniciación, un nexo de unión de esas vouivres subterráneas con aquéllas otras celestiales, a los que los antiguos pueblos -sobre todo el celta- denominaban serpientes y dragones.


Por otra parte, y a diferencia de otros auténticos Lignum Crucis venerados por los templarios en sus templos (3), el Lignum Crucis que había en esta iglesia de la Vera Cruz, permanece custodiado, a cal y canto, por los vecinos de Zamarramala, que sólo lo enseñan en contadas ocasiones, cuando se saca en procesión. Por eso, la Semana Santa constituye una oportunidad única de poder presenciar la antigua reliquia de los templarios de la Vera Cruz.
Pero lejos de dejars embarcar en los mares bravíos que siempre levantan las olas de la polémica entre el concepto de si hubo realmente una arquitectura templaria y si tal o cual templo constituye un ejemplo de dicha arquitectura y por supuesto, de pertenecencia a la Orden del Temple, resulta aconsejable desprenderse de toda consecuencia mediática y disfrutar del momento, dejándose llevar, no sólo por la belleza en su estado más puro, sino también, por el sublime placer de contemplar una auténtica obra de Arte, que ha de depararnos, qué duda cabe, singulares y particulares experiencias.

 
(1) Régine Pernaud: 'Los Templarios', Librería El Ateneo Editorial, 2ª edición, Argentina, 1983, páginas 43-44.
(2) Juan García Atienza: 'Guía de la España templaria', Editorial Ariel, S.A., 1ª edición, marzo de 1985, página 29.
(3) Por ejemplo, el que se custodiaba en Ponferrada, se conserva en el Museo Catedralicio de Astorga. Igual destino sufrió el Lignum Crucis de Tuñón, Asturias, que habiendo sido comprado por los vecinos, terminó recalando en el Museo Catedralicio de la Catedral de San Salvador de Oviedo.

2 comentarios:

Loli Salvador dijo...

Hola Juan Carlos, apasionante tu entrada, como todas las tuyas. Me he dado un paseo por tu blog para llevarme la lección aprendida.
Sobre la arquitectura templaria circulan muchas ideas contrapuestas con respecto a la planta octogonal como la de Santa Mª de Eunate y otra que se atribuye al temple, la de San Bartolomé, en el Cañón de Río Lobos, cuando estuve hace un par de años, se encontraba cerrada. En lo demás, parece que los templarios acogieron a los cátaros y sintieron simpatía por ellos y hasta tuvieron contactos más secretos.
Tomo nota de los libros que mencionas y de la iglesia de la Vera Cruz, la cual no conozco.
Saludos

juancar347 dijo...

Hola, Loli
Agradezco tu amable comentario. Es verdad, el tema de una 'arquitectura propia templaria' siempre ha suscitado numerosas discusiones y desavenencias entre los historiadores e investigadores, sobre todo en aquéllas construcciones de planta octogonal, desde que ya en el siglo XIX el arquitecto francés Violet le Duc, formulara la cuestión de si dicho modelo de construcción podría ser templario. Tengo que decirte, no obstante, que aunque la ermita de San Bartolomé es templaria nacida y reconocida por todos, no posee la planta hexagonal, detalle que no le resta interés y belleza y cuya visita recomiendo siempre. Interesante tu comentario sobre los cátaros. Sobre templarios y cátaros, hablaré más adelante, pero te anticipo que hay numerosos lugares donde parece ser que convivieron y murieron. Uno sería Valderrobres, en la provincia de Teruel y otro estaría en Asturias, en el concejo de Quirós. Merece la pena visitar esta iglesia de la Vera Cruz, te lo aseguro, de manera que si alguna vez pasas por Segovia, hazme caso y visitalá.
Un abrazo