martes, 16 de diciembre de 2014

A Coruña: iglesia de Santa María do Campo


No hay documentación histórica que lo demuestre fehacientemente, pero sí es cierto, que algunas fuentes consideraron esta posibilidad, sin duda influenciadas por la hipotética localización de lo que fue, en aquéllos nebulosos años de los siglos XII-XIII, la importante y a la vez misteriosa Bailía templaria de Faro, promovida, en gran parte, por el interés que la Orden comenzaba a generar en Occidente, así como por la acción interesada de algunos de los más importantes nobles gallegos, como el conde de Traba, que además se aseguraban la presencia de unos fabulosos guerreros para hacer frente a las terribles incursiones normandas. Independientemente de ello, y como muchos otros templos románicos de similares características levantados a lo largo y ancho del antiguo Reino de Galicia, ésta iglesia, dedicada a la figura de una peculiar Nuestra Señora -del Campo (1)-, contiene algunas singularidades que, tuvieran o no que ver con la antigua orden medieval de monjes-guerreros, bien merecen, no obstante, una breve, pero particular atención.


No deja de resultar curioso que, como en otros peculiares lugares de la costa, como Noya y Betanzos, en el tímpano principal de entrada, nos encontremos con un mito que, lejos de parecer casual, parece constituir, por el contrario, toda una constante en el románico de la costa coruñesa: la Adoración de los Magos. También, como en los citados casos de Noya y Betanzos, en la interpretación del cantero se observan algunos curiosos elementos o detalles, sobre los que quizás merezca la pena centrar la atención, y donde -entre otros aspectos-, la numerología parece tener, así mismo, cierta relevancia, como los 8 ángeles que, a uno y otro lado de la arquivolta principal, escoltan, por así decir, a 5 figuras, las cuales parecen corresponder, sin ninguna duda -aunque lejos de su representación tradicional- a un Pantocrátor, con la figura central de Cristo y los 4 evangelistas, 2 a cada lado. Por su parte, la Adoración Magi del tímpano, jugando también -si se permite la expresión- con la numerología -6 personajes, entre magos y familia evangélica-, añade varios elementos que, en cierto modo, podrían considerarse como novedosos e incluso únicos: la presencia, a ambos extremos, de dos singulares edificios de forma circular, tipo torre -figura suspicazmente asociada a la Magdalena y posteriormente, heredada en el santoral cristiano por la figura de Santa Bárbara-, que además de contar con el detalle artístico de sus respectivas puertas y ventanales, contiene, en el de la izquierda, el añadido de tres pequeñas cabezas de lo que a priori podrían considerarse como bóvidos, asociadas, quizás, a esa simbólica vaca solar o vaca cíclica, que cuenta con numerosas referencias -independientemente de figurar en la heráldica de uno de los linajes más antiguos de Galicia, como es el de los Becerra-, presentes no sólo en la nave del templo de San Francisco de Betanzos, sino también, por ejemplo, en el frontal del sepulcro de un inquietante y misterioso personaje noyés -Ioan de Estivadas-, el cual, si bien prácticamente desconocido para la Historia, en cuanto a documentos testimoniales se refiere, llama la atención que siendo supuestamente un simple vinatero, su nombre figure en la Plaza situada junto a la iglesia de San Martiño, templo que albergó primigeniamente el referido sepulcro -se encontró en la capilla de Valderrama, tras el altar de San Blas-, hasta su traslado a la no menos enigmática iglesia de Santa María a Nova –famosa, sobre todo, por la exuberante y a la vez desconcertante colección de lápidas gremiales que contiene-, en el transcurso de los primeros años del siglo XX.



Significativamente interesante, además, resulta la figura principal de la Virgen, entronizada y con el Niño sentado en el frontal de su regazo, que está mucho más cerca de las representaciones hieráticas de las primitivas Vírgenes Negras –Isis, Astarté, etc- que de la figura materna idealizada en los Evangelios, cuyo brillo comenzó a extenderse en época tardía, sustituyendo a la figura cuya advocación había brillado hasta entonces en muchos templos medievales: María Magdalena.
El templo, además, cuenta con una segunda portada, situada en el lateral norte, que invita, así mismo, a la especulación, toda vez que, extraña en sí misma, parece que pudiera representar una posible Anunciación que, si así fuera y como en el caso de la iglesia betanceira de Santa María del Azogue, vuelve a sugerir la humanidad de la figura del mensajero –papel que en algunas fuentes antiguas, se atribuye a Juan el Bautista-, y donde, además, aparecen otros singulares elementos, como cuatro cruces inmersas en un círculo, que recuerdan, al menos comparativamente hablando, las cuatro ruedas del carro de Yahvé, en la visión del profeta Ezequiel y un posible árbol de la vida, donde a pesar del desgaste, parece adivinarse la presencia de un ave, y que tal vez haga referencia al de Jesé –cuando no, a uno de los evangelistas, San Juan-, cuyo recuerdo los canteros dejaron magistralmente labrado en el claustro del monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos. Otra particularidad de esta portada, es la pequeña figura humana que parece deslizarse a través de la piedra, en el lado superior derecho.

Respondiendo, quizás, a ese tipo de templos denominados marineros –durante siglos, este fue el templo de los gremios de la mar y del comercio-, independientemente de su austeridad, presenta algunos detalles interesantes. Obviando todos los detalles de la pequeña capilla que se localiza en el lateral izquierdo apenas se entra en el templo y que muestra, a tamaño casi natural una moderna aunque singular talla de la Magdalena penitente, volvemos a encontrar, otra vez, la anteriormente comentada escena de la Anunciación, donde se vuelve a humanizar la tradicional figura angélica del mensajero Gabriel, en ésta ocasión, como estatuas-columna o atlantes, situadas al principio de la nave. Detalles que se repiten en las columnas de la cabecera, en las cuales, más pequeñas y labradas en su interior, se localizan también dos tallas: una, representando a Santiago y la otra a la Virgen con Niño.

Otro de los detalles interesantes a tener en cuenta, que a su vez nos sugiere la presencia soterrada de una determinada influencia de carácter oriental -no olvidemos, por ejemplo, el anónimo personaje de tal procedencia, que se localiza en un sepulcro en una de las capillas de la iglesia betanceira de San Francisco-, es el templete adosado al ábside. Templete y forma que, además de coronar las torres de muchos templos galleros -en particular, de aquellos que se localizan en uno de los tramos más relevantes del Camino de Santiago, como es el de O Cebreiro a Triacastela-, se localiza, así mismo, en lugares relevantes, siendo uno de los más representativos el cementerio noyés anexo a la iglesia de Santa María a Nova.


(1) Recordemos advocaciones similares, de los Huertos, tanto en Puente la Reina, Navarra, como en Sigüenza, Guadalajara, aunque oficialmente, se supone que dicha advocación le viene de haber estado fuera del recinto de la ciudad.

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