sábado, 8 de diciembre de 2012

Aras paganas, Diosas Madre, Vírgenes Negras y tradiciones en Tejeda de Tiétar


[Ara votiva romana, denominada 'la Muerte Pelona']

Numerosos son los testimonios gráficos que, repartidos como las piezas de un puzzle monumental, se localizan a lo largo y ancho de la geografía peninsular, permitiéndonos conocer, siquiera de una manera bastante más que hipotética y superficial en muchos casos, las inquietudes espirituales de los pueblos que nos precedieron. Tejeda de Tiétar, evidentemente, no es una excepción. De su pasado, rico e interesante, a juzgar por los restos que han llegado hasta nosotros, deja constancia y testimonio el paso de numerosos pueblos y culturas, siendo, quizás, las más notorias, por su proximidad histórica, la celtíbera, la romana, la visigoda, la árabe y la cristiana, sin menospreciar, ni mucho menos, aquéllas culturas anteriores y de características neolíticas, de cuya existencia, aún se converva algún enigmático testimonio, como puede ser el dolmen que se encuentra en la cercana población de Jaraiz de la Vega.
El hallazgo de muchos de estos restos o fragmentos históricos demuestra, una vez más, que los cultos, como las costumbres, se superponen -de similar manera, a las capas estratográficas de la tierra, y buena prueba de ello, lo tenemos en el ejemplo de Troya- y a la vez se imponen unos a otros, dependiendo de una circunstancia histórica, tremendamente simple: el pueblo que conquista, impone su cultura y sus reglas. Un ejemplo claro, lo tenemos en la que aquí, en Tejeda, denominan la Muerte Pelona. O lo que es lo mismo, un fragmento de ara votiva romana, que se localiza en territorio celtíbero y que ahora forma parte del relleno mural de una iglesia cristiana.
Lo interesante de este ara votiva romana que, como se ha dicho varias veces, forma parte del relleno del muro sur de la iglesia de Nª Sª de la Torre, radica, fundamentalmente, en dos detalles singulares: la imagen del danzante o bailarín y la referencia a unas oscuras divinidades, a las que se denomina Selais Duillas, y a las que, dicho sea de paso, se relaciona con la vegetación. Unas divinidades, en cuyo honor el ritual de la danza parecía tener una importancia más que relativa y podria estar relacionado con los cultos propiciatorios a la fertilidad, tan comunes entre los diferentes pueblos del pasado. Otro detalle relacionado, podrían ser, así mismo, las numerosas fuentes situadas en las proximidades, algunas bautizadas en periodos posteriores, con significativos nombres, como la Fuente de la Oca.
Aunque se ignora en qué época exactamente surge la tradición de arrojarle piedras, sí parece cierto que ésta se hizo con la connivencia de los poderes eclesiásticos, obedeciendo a una constatada intención de satanizar y eliminar todo interés popular por los antiguos cultos. 

[Probable altar de origen celtíbero y figura de Diosa Madre]

Pero es en el muro norte, donde aún se pueden distinguir algunas toscas marcas de cantería, donde nos encontramos con otro apasionante enigma que, de igual manera que el ara votiva romana, ha sido utilizado como material de relleno. A juzgar por sus características, podría tratarse, efectivamente, de una antigua ara celtíbera. Presunción que se justifica, en buena medida, en la especie de canalillo y desagüe que se aprecian en la parte superior. Algo más abajo y bastante desgastado por el tiempo y la erosión, aún es posible ver una curiosa figura. Una figura que, aunque tosca, permite entrever un perfil singular, en el que destacan dos enormes pechos.

[Figura de Diosa Madre resaltada]

Un perfil muy similar, en esencia, a aquellos otros que se han localizado en numerosos lugares de Europa, y que indicaría la pervivencia, aún en tiempos de la conquista romana, de los primigenios cultos a la figura de la Gran Diosa Madre. Un perfil que, si lo observamos con atención, sigue los mismos patrones que aquéllas otras figurillas del Neolítico, como la denominada Venus de Willendorf, que nos ofrece una idea de los antiquisimos cultos de origen lunar y matriarcal que se desarrollaron en Europa desde tiempo inmemorial. Cultos que, de alguna manera, continuaron manteniéndose a lo largo de los siglos, en las no menos enigmáticas figuras de las Vírgenes Negras, cuya proliferación, por alguna razón determinada, parece que fue mucho más explícita en países como Francia y España, siendo estos dos los que reúnen, en su haber, el mayor número de representaciones figurativas de ésta índole.

[Virgen de la Torre]

Una prueba de ello, lo tenemos, tal y como hemos visto en las entradas anteriores, en la figura de la Patrona local, la Virgen de la Torre, en cuya rehabilitación, se descubrió que era negra, como así dejan entrever algunas de sus características: hierática, entronizada, con la mano derecha desproporcionada, sin apego hacia la figura del Niño y con el color verde de su manto, entre otras características. De la proliferación de elementos pertenecientes a la cultura megalítica, Extremadura -aún a pesar del poco interés desarrollado a lo largo de la Historia por su estudio y conservación, como también se ha comentado en entradas anteriores- aún conserva una riqueza muy digna de tener en cuenta. De hecho, en las cercanías de Tejeda de Tiétar, es reseñable el dolmen o los dólmenes de Jaraiz de la Vera. Sin embargo, de entre todas las imágenes marianas de características Negras que se pueden localizar en la región, la más universal, qué duda cabe, es la Virgen de Guadalupe, presente, sobre todo en figuraciones de origen pictórico, en casi todos los templos de la provincia, y cuya imagen homónima, situada en la capital mejicana, todavía mantiene en jaque a los investigadores, no tan sólo por sus singulares características -como el origen de algunos de sus pigmentos- sino también por la increíble sucesión de imágenes que se pueden ver en sus retinas. Con tales antecedentes, y tal riqueza del pasado, difícil es no presentir -con o sin documentación que lo avale- la presencia y el interés del Temple por el lugar; sobre todo, si tenemos en cuenta que éstos, de alguna manera que se presiente en cuanto a los lugares donde se establecían, fueron los auténticos guardianes de los lugares mágicos y sagrados peninsulares. En definitiva, cristianos sí, pero también guardianes inexorables de la Antigua Tradición.


 [Virgen de Guadalupe]
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2 comentarios:

CARLOS dijo...

Hola. Permiteme que conceda el premio DARDOS a tu estupendo blog.
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Un saludo.

juancar347 dijo...

Agradecido otra vez por tu amable mención. Saludos, Carlos