miércoles, 12 de diciembre de 2012

El mensaje universal de Río Lobos y los Custodios del Lugar Sagrado



'De modo que la verdadera historia de un pueblo no la encontraréis casi nunca en lo que de él se ha escrito' (1)
Antonio Machado


Posiblemente, tampoco la verdadera historia de los templarios se encuentre, ni en los ríos de tinta que sobre ellos han sido escritos, ni en los escasos testimonios sobrevivientes de su paso por el mundo medieval. Desde su creación, en oscuras y poco conocidas circunstancias, hasta su caída, a comienzos de aquél siglo XIV, en el que el gótico nos legó lo más impresionante de su novedosa concepción de lo sagrado, la aventura del Temple se diluye como vapor de agua en los albores de la apasionante historia medieval.
Por sus huellas los conoceréis, podrían aplicarse también estas palabras crísticas; y es, precisamente, a través de ellas, de sus huellas, como podemos hacernos una idea, al menos aproximada, de la verdadera naturaleza del espíritu templario: el templario era un soldado de Dios, sí, pero también, sirviendo a unos ideales cuya base posiblemente la proporcionara el propio Bernardo de Claraval -San Bernardo- en su Epístola 106 (2), podría definirsele como el guardián y el custodio, por antonomasia, del Lugar Sagrado. De manera categórica o documentada, o por el contrario, aplicando las bases proporcionadas por la leyenda y la tradición, podemos hacernos eco de esta característica, inherente a todo guerrero místico -templario o no-, si somos capaces de apartar de nuestra mirada los enigmas asociados que han hecho que el interés por el Temple sea poco menos que universal y nos dejamos llevar por la importancia del aliento espiritual latente en muchos de los lugares donde se establecieron. Precisamente, dos de los lugares que mejor podrían dejar de manifiesto la cuestión aquí planteada -sin desmerecer muchos otros, desde luego- son, en mi opinión, el Cañón del Río Lobos, en la provincia de Soria y el peculiar Bierzo leonés.
Especiales por merecimiento propio, y lejos de servir a unos intereses estratégicos que sí se dieron en otros lugares de la Península, estos dos enclaves poseen los suficientes elementos mistéricos y espirituales, como para servir de ejemplo de todo cuanto se ha dicho hasta el momento. En el caso de Soria y su Cañón del Río Lobos -que comparte con la no menos interesante provincia de Burgos- basta contemplar esta auténtica maravilla natural desde el mirador de la Galiana, para darse cuenta, al menos de una manera intuitiva, si se prefiere, del por qué ha constituído un foco de admiración y veneración de numerosas culturas que se remontan, cuando menos, a ese fascinante periodo histórico conocido como Neolítico.
Ahora bien, independientemente de todos los enigmas y misterios añadidos a la singular ermita de San Bartolomé (3), aún quedan rastros de esa neolítica veneración, cuyas leyendas -¿hemos de suponer, que recogidas y posteriormente transmitidas también por los celosos fratres milites?- coinciden, sorprendentemente, con las que se conservan en otros lugares no menos relevantes y especiales. Reseñable resulta añadir, pues, que si aquí tenemos una roca de más que probable origen megalítico, donde según la leyenda, quedaron ideleblemente marcadas las huellas de las patas del caballo de Santiago cuando saltó desde uno de los farallones cercanos tratanto de huir de la persecución sarracena (4) a la que se veía sometido, ésta misma tradición, con piedra y huellas incluídas, se recoge también en otro lugar tan fascinante, pródigo en vestigios megalíticos y con probable presencia templaria, como es la cima del Monsacro asturiano. Eso, por no mencionar, así mismo, la no menos fascinante coincidencia de la veneración a la figura de la Gran Diosa Madre, presente también en ambos lugares.

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Por otra parte, quien haya tenido la fortuna de viajar -siquiera durante un breve espacio de tiempo- por el Bierzo, no tardará mucho en sacar similares conclusiones. Sobre todo si, haciendo el recorrido como lo haría un peregrino viniendo de Astorga, comienza sentirse inmerso en un imaginario Ouroboros, en el que cabeza y cola, tienen un denominador común: la Orden del Temple. Un círculo impresionante, que se cierra sobre un territorio eminentemente mágico, o especial, si se prefiere y que, incluyendo lugares como Rabanal del Camino, Fontcebadón, Manjarín, El Acebo, Compludo, Molinaseca, Ponferrada, Carracedo, Priaranza, Carucedo, Las Médulas, Cornatel, Corullón o Villafranca -por citar algunos de los ejemplos más relevantes- coincidía con el comienzo de otro círculo no menos sagrado y especial, que penetraba en la magia de Galicia a través del puerto de O Cebreiro.
Por eso, creo que conviene replantearse dónde reside el interés real, y pensar en la importancia del Lugar, mucho más que en el simbolismo deteminado o las actividades a que se sometían los hermanos fratres y el verdadero papel que tuvieron como Custodios, en definitiva, de la Tradición.

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(1) Agradezco el recuerdo de ésta pequeña gran verdad de Don Antonio Machado, al infatigable y prolífico escritor de la España mistérica, Jesús Ávila Granados. De no haber vuelto a repasar su excelente libro 'A través de la España oculta', Editorial Aladena, S.L., 2009, no me hubiera tropezado con ella, en ese sabio prólogo por él imaginado.
(2) 'Más cosas encontraréis en los bosques que en los libros; los árboles y las piedras pueden haceros ver lo que los maestros nunca sabrán enseñaros. ¿Pensáis acaso que no podéis libar miel de las piedras, aceite de la roca más dura?. ¿Será que las montañas no destilan dulzura?. ¿Será que las colinas no maman leche y miel?. ¿Será que los valles no están llenos de trigo?. Tengo tantas cosas que deciros, que apenas sí puedo contenerme...'.
(3) Aunque parezca mentira, comenzó a ser tardíamente conocida, cuando a finales de los años setenta y principios de los ochenta, algunos investigadores de la España mistérica comenzaron a airear su existencia en libros y revistas especializadas, que no tardarían en causar furor en el público en general, fomentando un interés que se ha mantenido vigente hasta la actualidad, hasta el punto de constituir uno de los centros más conocidos y visitados, no sólo de la provincia, sino también de toda España.
(4) En realidad, no hay vestigios de tal presencia, al menos en lo que al interior del Cañón se refiere.


4 comentarios:

KALMA dijo...

Hola!
Has hecho casi un coctel sagrado, una entrada fantástica y que decir de las fotos, tanto el Cañón del río Lobos envuelto en un sin fin de leyendas, como el Bierzo hacen que se desvolde la imaginación y la cabeza empieza a soñar.
Un beso.

juancar347 dijo...

¡Qué te voy a contar a ti, que eres una auténtica especialista en encontrar lugares especiales, lugares del espíritu, a los cuales los fratres ya les echaron el ojo hace cientos de años! Sobre todo, esa zona mágica y templaria del Maestrazgo. Además, sé que conoces bien el Cañón del Río Lobos y esa otra maravillosa región que es el Bierzo y los Ancares. Por eso, porque son lugares para 'soñar' es bueno reseñarlos y reseñar esa faceta especial de los templarios, como guardianes de la Tradición y de los auténticos Lugares del Espíritu. Me alegro que te haya gustado. Un abrazo, bruja

CARLOS dijo...

Efectivamente Juancar el Cañon del Rio Lobos tiene algo realmente magico y misterioso. Yo he visitado la zona asi como gran parte de Soria. Es muy llamativa la ubicacion de la ermita, en ese lugar preciso y siendo tan sencilla. Da la sensacion que oculta algo si dejamos volar la imaginacion. Me atreveria a decir que es un lugar de poder igual que algunas otras zonas de España. Como siempre un reortage genial enhorabuena.

juancar347 dijo...

Gracias, Carlos, por tan amable comentario. Creo que en el fondo estamos de acuerdo en cuanto al lugar: que no te quepa duda de que se trata de un Lugar de Poder, aunque yo prefiero denominarlo Lugar del Espíritu. La ermita, no es tan sencilla como parece y creo que debajo de ella es donde se oculta el 'verdadero corazón' o al menos, uno de los mayores secretos. Poder dar con la cripta, sería un descubrimiento, sencillamente, sensacional. Aún así, es un foco de pequeños detalles que por sí mismos, configuran un conjunto indivisible. Tiene muchos, quizás demasiados detalles y algunos tan minúsculos, que fácilmente se escapan. Un abrazo