miércoles, 15 de febrero de 2012

Fortalezas templarias del Bierzo: Cornatel



'Había allí dentro una iluminacion tan fuerte como la que dan las candelas de un albergue, y mientras hablaban de unas y otras cosas, salió un paje de una cámara trayendo empuñada por el centro una blanca lanza, y pasó entre el fuego y los que estaban sentados en el lecho. Todos los que estaban allí veían la blanca lanza y el blanco hierro, de cuyo extremo manaba una gota de sangre bermeja. Hasta la mano del paje rodaba aquella gota de sangre bermeja. El muchacho recien llegado aquella noche ve este prodigio, pero se abstiene de preguntar cómo puede suceder tal cosa, porque recordaba la advertencia que le había hecho el caballero que le enseñó y aleccionó a cuidarse mucho hablar. Cree que si lo pregunta lo considerarán necio, y por eso no inquirió nada. Entonces vinieron otros dos pajes llevando en sus manos candelabros de oro fino, trabajando con nieles. Los pajes que llevaban los candelabros era muy hermosos. En cada candelabro ardían diez candelas por lo menos. Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando hubo entrado con el grial que llevaba surgió tal resplandor que al instante perdieron su claridad las candelas, así como les ocurre a las estrellas cuando se levanta el sol o la luna...' (1).


A diferencia de Ponferrada, en una de las torres del castillo de Cornatel, ondea el estandarte o bauceant del Temple. Si no fuera porque prácticamente se encuentra en ruinas, el viajero que llega allí por primera vez, pensaría que en Cornatel, más de setecientos años después de su disolución, la guarnición templaria aún no se ha rendido. Y podría ser cierto, después de todo, que hubo una resistencia a la extinción; una resistencia, persistente y enconada, si se me permite decirlo, en cuanto a desaparecer definitivamente de la memoria colectiva de los pueblos de alrededor. Después de todo, no hemos de olvidar, ni por un instante, que estamos en El Bierzo. Y El Bierzo fue, es y probablemente seguirá siendo en el futuro, tierra eminentemente templaria.

Del origen de este castillo, conocido incluso en tiempos del Temple como Castelo de Ulver, existen diversas teorías, aunque la más aceptada, probablemente, sea aquella que sugiere que éstos orígenes se localizan en un antiguo puesto fortificado romano, cuya guarnición tenía como misión, evidentemente, la vigilancia del paso hacia las minas de oro de Las Médulas. Si bien después del abandono romano y en época visigoda el lugar pasa a ocupar un irrelevante y segundo plano, vuelve a retomar su importancia estratégica como posición defensiva, durante la Reconquista.

No se sabe la fecha exacta en que la Orden del Temple tomó posesión del lugar, aunque sí se conoce que el castillo de Ponferrada les fue donado en 1211, por el rey Alfonso VI. La presencia de la Orden, no obstante, sí aparece recogida en el Cartulario de San Pedro de Montes, con fecha de 1228, constatándose su presencia ininterrumpida en el lugar, hasta su disolución en 1312.

Situado dentro de la demarcación territorial de Priaranza del Bierzo -a la salida de ésta población, como ya vimos en la entrada anterior, Víctor Lobao 'Rixo' (según dato facilitado por Maese Alkaest) y los alumnos del taller artístico de Priaranza, recuerdan esta presencia con la figura custodia de un monje guerrero del Temple labrado en un árbol-, su posición resulta interesantemente estratégica, no sólo, como hemos dicho, porque vigila el acceso a las minas de Las Médulas, sino porque también forma parte de varias fortalezas situadas en las inmediaciones de Galicia -no olvidemos ni por un instante, el gran fenómenos espiritual y económico que supone el Camino Jacobeo-, así como de lugares ricos en mitos y tradiciones ancestrales. Uno de los ejemplos más relevantes, lo tenemos algunos kilómetros más allá, una vez dejadas atrás las poblaciones de Santalla y San Juan de Paluezas, dentro del término municipal de Carucedo, siguiendo la carretera que se adentra en Ourense por O Barco.

Visto desde Cornatel, el lago de Carucedo -precisamente aquél que se supone formado por el agua empleada por los romanos para extraer el oro siguiendo una técnica denominada como ruina montium y que debastó lo que hoy día conocemos como Las Médulas, y en el que también hemos de situar dos extraordinarias leyendas, como aquélla que basa su origen en las lágrimas derramadas por la Xana Carisia, que anegaron la ciudad de Lucerna o aquélla otra que, basándose en un castigo divino, sepultó bajo las aguas el fértil valle sobre el que asentaba el monasterio de Carucedo- parece un ojo imaginario de magnéticas tonalidades celestes, capaz de contener secretos ancestrales. Sin duda, un lugar mágico para unos vigilantes de lo mágico.

Por otra parte, y con probabilidad debido a lo heterodoxo de su misteriosa existencia, el Temple continúa siendo un fenómeno de masas que atrae, como un imán irresistible, la atención y el interés popular hasta niveles exhorbitantes. El castillo de Cornatel, declarado Bien de Interés Cultural el 22 de abril de 1949, no ha escapado, en modo alguno, a esa atención y, aparte de las ocasionales visitas turísticas, cuenta con un festejo tradicional, en forma de mercado medival denominado Villa de Cornatelo, así como con una asociación de índole cultural, denominada Los Caballeros de Ulver, cuyo proyecto fue impulsado en el año 2008 por las asociaciones Baucan y Templespaña, en colaboración con el Ayuntamiento de Priaranza del Bierzo. También fue el escenario romántico utilizado en 1843 por el escritor berciano Enrique Gil y Carrasco para situar una de sus pirncipales novelas: El Señor de Bembibre.

Quizás los templarios de Cornatel no custodiaron nunca el Santo Grial, ni realizaron ceremonias como las descritas por Chrétien de Troyes, como la que prologa la presente entrada. Pero sí es cierto, que hubo fortalezas en las cercanías, ocupadas por los templarios, que sí miraban con especial atención a un lugar netamente griálico. Pero esto, ya lo veremos en una próxima entrada.

Por el momento, baste sólo decir que, a fin de cuentas, existe vida en Cornatel. Ah, y un detalle curioso, probablemente intrascendente, pero que merece la pena ser consignado: a la vista está el pueblecito de Villavieja, distante, aproximadamente, un kilómetro. Villavieja se llama también, en la actualidad, a la zona más antigua de Ucero, en el Cañón del Río Lobos, y a las ruinas, apenas irreconocibles, de su antigua iglesia. Tanto a la iglesia en ruinas, como a una Virgen sedente y románica que se conserva en la parroquial de San Juan Bautista, se las denomina así: de Villavieja. Téngalo en cuenta quien quiera.




(1) Chrétien de Troyes: 'El cuento del Grial', Ediciones Orbis, S.A., 1982, páginas 79-80.




2 comentarios:

KALMA dijo...

Hola Juan Carlos ¡Qué lugar más mágico! Y cómo me gustan los vídeos, a través de tus ojos he vivido un recuerdo reciente.
El castillo de Cornatel es como la cresta de la montaña que se crece ante un precipicio, el ojo que otea todo El Bierzo ¡A vista de pájaro! Cuando paseas por encima de la muralla hay sitios donde da miedo mirar ¡Para echarse a volar! Me encantó este sitio, su frío paísaje y casi que me salió en el camino. Tantas leyendas y tantos libros, por cierto yo del paje ¡Pregunto! No sabría el pobre de nuestro refranero: "más vale ser tonto una vez que toda la vida" un lugar con una luz tan propia que ilumina una comarca.
Un beso.

juancar347 dijo...

Es verdad, bruja, no hace mucho que nos presentaba ésta auténtica reliquia de tiempos remotos. Estuvimos dos veces, y ninguna de las dos pudimos entrar, de manera que tendré que pensar en el refrán aquél que dice que no hay dos sin tres. El sitio brinda una paz increíble, además de que, como bien dices, tienes El Bierzo a vista de pájaro, aunque tú pudiste verlo a través del ojo infalible de una bruja. Si vuelves, fíjate bien porque desde el castillo se ve el lago de la Xana Carisia. La guarnición templaria no sólo vigilaba con celo el acceso a las minas de oro de Las Médulas, sino también el entorno mágico. Un entorno que también se hace presente en algunos lugares cercanos donde ocuparon fortalezas, como Sarracín y Balboa, que creo que también conoces. Ese fue el error de Perceval, que no preguntó, pero cualquier castillo ocupado por el Temple, pudo ser muy bien el castillo del Grial. Y Cornatel, después de todo, tiene sus buenos secretos. Un abrazo