martes, 24 de mayo de 2011

Los eremitorios de Cívica

'...conocida la querencia que algunos miembros del Temple tenían por enclaves de clara connotación mística desde antiguo, es razón suficiente para calificar Cívica de rincón, cuando menos susceptible de haber podido despertar el interés de los templarios de la región. Apenas veinticinco kilómetros separan Cívica del convento que el Temple tuvo en Torija, por lo que necesariamente sabrían de la existencia de tan especial lugar de la vega del Tajuña y quién sabe si su huella no quepa encontrarla en la impronta del triple recinto que rodea el rocoso eremitorio'.

[Juan Ignacio Cuesta Millán (1)]


No es casualidad que ponga esta pequeña disertación de Juan Ignacio Cuesta Galán, como prólogo necesario, en mi opinión, para la presente entrada. Nada conocía de Cívica y sus eremitorios, antes de echar un vistazo al capítulo y página reseñados más abajo. Y dado también que el sitio no se encuentra excesivamente lejos de Madrid -yo diría que a poco más de una hora- decidí, el pasado domingo, iniciar una primera exploración del lugar, motivado, así mismo, por una fotografía similar a la presente, que me pareció, sencillamente, interesante y evocadora.


La zona, ciertamente, merece la pena; porque, partiendo de Torija por una carretera -la CM2011- bastante aceptable para el tráfico rodado -detalle que no ha de considerarse valadí, teniendo en cuenta por los caminos por donde uno tiene que meterse en más ocasiones de las que le gustaría- se llega, aproximadamente 15 kilómetros más adelante, a una villa que, aparte de las pernoctas del fallecido Camilo José Cela y sus celebérrimos viajes a la Alcarria, conserva, sin duda, lugares de notable interés: Brihuega.


Estos lugares tienen un rancio sabor a misterio, y podrían resumirse -una vez dejada atrás la puerta medieval situada al comienzo del pueblo, al lado del hostal donde pernoctó dos veces el mentado Don Camilo- en la iglesia de San Felipe, con su evocadora estrella de David o Sello de Salomón que corona el frontis, por encima del pórtico principal; la iglesia de San Miguel, bastante castigada por el tiempo, y por supuesto, lo que yo definiría como el plato fuerte, santuario para más señas, de una Virgen Negra, que no es otra que la iglesia de la Virgen de la Peña (2).


Ahora bien, no deja de ser anecdótico, cuando no misterioso, desde luego, que no bien se aleja uno aproximadamente quinientos metros de Brihuega, un cartel en ésta carretera CM2011 señala una dirección, hacia la derecha, que entre otros pueblos de los alrededores incluye uno cuyo nombre no deja de ser significativo: Masegoso.


Las casualidades -detalle sobre el que hace mucho tiempo vengo diciendo que no creo- me parecen una circunstancia banal cuando el Temple anda o se sospecha que anda por medio. Y sinceramente, no puedo evitar pensar en uno de los despoblados más famosos de Soria, de idéntico nombre -Masegoso- y señales templarias como la torre de San Adrián, así como la cercanía de un pueblecito que lleva por nombre El Espino; que posee una iglesia bajo la advocación de San Bartolomé y también una curiosa ermita, de planta pentagonal, dedicada a la Virgen del Espinar.






El terreno, a partir de este punto, comienza a alternar monte y valle característicos de esta parte de la vega del Tajuña, hasta que llega un momento, cinco ó seis kilómetros más adelante, en el que te encuentras con la cascada. Está situada a escasos metros de la carretera, detrás de la línea de árboles que sustituyen a los guarda carriles de acero que delimitan la mayoría de las vías de comunicación, junto a un vergel foliáceo que se extiende al comienzo de una prominente formación rocosa. En las proximidades de la cascada, ya comienzan a advertirse algunas oquedades, parcialmente ocultas por la vegetación. Podríamos decir que es el prolegómeno a un pequeño mundo fantástico, en el que sobrevive, al cabo de los siglos transcurridos, una parte del ánima de aquéllos anónimos ingenieros del Espíritu que una vez lo habitaron.


Son varios los recintos que se localizan en este complejo hábitat natural, encontrándose las cuevas a diferentes niveles, como las celdas de una colmena, metafóricamente hablando. En este sentido, causa una cierta impresión, observar balconcillos y balaustradas de piedra -materia prima por antonomasia- delimitando las entradas; un detalle moderno, al parecer, que responde al intento de reproducir el complejo eremítico con el aspecto que se supone que tuvo en la época medieval.


Algunas de las cuevas son accesibles; como es de suponer, se trata de aquéllas que están situadas a ras de suelo. Merece especial mención, una en concreto que, cercana a la cascada y a la carretera, y dotada de puertas y ventanas ojivales de aspecto gótico, conserva algunos detalles de cierto interés. Rotos los candados -quién sabe cuándo y por quién- así como desvencijada la puerta, el pequeño mundo interior que se ofrece a la vista, muestra el esmerado aprovechamiento de un habitáculo dotado de dos niveles. En el nivel inferior, y a mano derecha según se entra, se observa que una parte considerable del lienzo rocoso ha sido labrado y rebajado, hasta conseguir la forma de pequeñas alacenas. Algo más allá, y al frente, se aprecian unos escalones perfectamente labrados en la piedra, que permiten el acceso a un piso ligeramente más elevado y dotado de una pequeña balaustrada, de piedra también, en la que se observan motivos pentagonales; es el acceso al lugar más íntimo del habitáculo, el sancta-samtórum donde probablemente dormía el ermitaño. Algunos sillares de piedra taponan, al fondo y a la izquierda, lo que parece ser una prolongación en la oquedad.


No obstante, donde mejor se advierte el impresionante trabajo de ingeniería desarrollado por estos desconocidos y anónimos topos humanos, es en el primer nivel de cuevas situado en la parte principal y más destacable del promontorio rocoso; allí, precisamente, donde el terreno se ve delimitado por una cerca de piedra, de idéntica factura a las que sirven de balconcillos o balaustradas de los pisos superiores y que posiblemente circundara, en tiempos, algún huerto, aunque en la actualidad constituya una pequeña selva, donde la vegetación campa a su libre albedrío.


La entrada, similar a la cueva que hemos descrito con anterioridad, en cuanto al estilo ojival de puerta y ventanas, reserva, sin embargo, ciertas curiosidades que merecen la pena reseñarse. De dimensiones aceptables, contiente cuatro espacios o celdas, perfectamente delimitados, comunicados entre sí por aberturas de forma ojival, labradas en la roca. No obstante, en una de llas, se advierten trabajos de albañilería en los que se utilizaron rocas y cantos para levantar un muro de separación, de manera que se tiene la impresión de que los habitáculos fueron amoldándose a medida de los inquilinos que iban a ocuparlos lo hacía necesario.


En el habitáculo situado a mano derecha, según se entra, aparte de las alacenas de piedra, se localiza una columna en su parte central. La altura no representa ningún problema y permite caminar con toda comodidad por el interior de la cueva. No se advierten marcas ni señales, grabadas en la roca; y para ser honestos, tampoco es posible especificar en qué época y por quién se realizaron estos trabajos. Pero el lugar, sin duda, resulta de lo más interesante -incluso místico- y no hay que descartar, a priori, sorpresas en este sentido si se tuviera la oportunidad de poder realizar una exploración a fondo en las cuevas del nivel superior.


(1) Gran Guía de la España Templaria, Templespaña 2007. Del capítulo IV: Ruta templaria de Guadalajara, en la 1ª edición de Santillana Ediciones Generales, S.L., enero de 2008, página 143.

(2) Nótese que en distancias relativamente cortas se encuentran otros dos santuarios con idéntica advocación: uno en Sepúlveda y otro en Calatayud. Y los tres, significativamente, situados en la parte más alta de la ciudad.




4 comentarios:

KALMA dijo...

¡Qué hay de nuevo! ¡¡¡Qué maravilla!!! ¡El nirvana de una bruja! El agua de una cascada y las grutas. Tan cerca y mi escoba no lo ha volado, queda apuntado en mi cuaderno de bitácora.
Por cierto, el otro día estabas "poligonero" y hoy "troglodita" jajaja. Un beso.

juancar347 dijo...

Desde luego, es un lugar y un entorno interesante. Trata de imaginártelo cuando estaba en activo; es decir, en los siglos XII-XIII, cuando los campos de labor que hay enfrente no existían, y sí probablemente un bosque profundo, impenetrable...Una visita que recomiendo, aunque con precaución. Como podrás ver en las alacenas del interior de una de las cuevas, hay formas pentagonales que no esperaba. La geometría sagrada, bruja...Un abrazo

Anónimo dijo...

Un cura en los años sesenta lo construyo, las cuevas estaban pero las escaleras, barandillas, ventanas. Etc lo hizo el con ayuda de sus feligreses en esa época. La parte de abajo siendo en una época más moderna fue un bar para los pescadores. Por eso sus estanterías de piedras y barra.

juancar347 dijo...

Gracias por el comentario. Sí, resulta evidente que toda la remodelación exterior como interior es moderna, lo cual no resta mérito alguno al lugar, que me sigue pareciendo interesante, aunque la última vez que estuve, hará unos dos años, había carteles de una inmobiliaria con planes respecto al lugar, lo que, cuando se lleve a cabo lo que piensen hacer, privará de cualquier posterior investigación y de un lugar antiguo y cuando menos muy curioso.

Un cordial saludo,