lunes, 21 de diciembre de 2009

Errare Humanun Est


Decía el escritor norteamericano Ambrose Bierce -y que me disculpen todos aquellos que me conocen, si últimamente consideran excesivamente reiterativo por mi parte acudir a su infernal diccionario- que disculparse es 'sentar las bases para una futura ofensa'. Evidentemente, no estoy de acuerdo con él, excepto en el detalle de añadir que si reconocer un error ayuda a sentar algún tipo de base, que no sea otra que la de una posible y futura amistad. Y creo que no hay mejor pilar para hacerlo que aquél que, basado en el punto de vista de una objetividad felizmente encontrada, tengamos el suficiente valor para reconocer un error cometido y pedir disculpas.
Si el pasado día 12 de septiembre, mi visita al toledano castillo de Montalbán -en el que, aparte de otras circunstancias, había llegado atraído por la sombra alargada, incierta y tremendamente escurridiza de esos frailes con espuelas, como denominaba Gustavo Adolfo Bécquer a los templarios- me dejó cierto amargo regustillo al encontrarme con unas personas vestidas a la usanza medieval, a las que de forma precipitada y personalizando ciertas frases de lo que no era, si no, una mera interpretación, las califiqué posteriormente en una entrada como 'neotemplarios' o 'herederos de Jacques de Molay', hoy me considero en la obligación de retractarme de dichos comentarios. Y lo hago de corazón y con toda humildad. A través de Esther, su portavoz, he podido comprobar que son gente educada, con sensibilidad por el Arte y un buen gusto por todo lo relacionado con la Edad Media.
Como los comentarios los hice públicos, creo un justo deber, como digo, retractarme públicamente también: Esther, Oscar y los demás miembros que estuvisteis en el castillo de Montalbán aquél día, mi más sinceras y sentidas disculpas.


4 comentarios:

Iconos dijo...

Esta precisión, Juan Carlos, te hace grande. Todos nos equivocamos cada día pero pocos se atreven/nos atrevemos a pedir disculpas. No creo que una disculpa sea una futura ofensa. Es un peldaño en la complicada escalada de ser cada día mejores personas. Un saludo y enhorabuena.

juancar347 dijo...

Gracias, Iconos. Pero creo que la grandeza reside en procurar no perder nunca la objetividad, de manera que no tengamos ocasión de ofender a nadie. Un abrazo

Iconos dijo...

No coincido con tu pensamiento, Juan Carlos. Eso que indicas es lo correcto, lo casi perfecto y desde luego, deseable. ¿Quién es capaz de no perder nunca la objetividad? Fíjate en las palabras de la frase: "objetividad", "perder" y el implacable "nunca". Demasiadas condiciones para mantenerlas fijas y completas.

No afirmo que el error engrandezca a la persona pero sí estoy convencida de que la disculpa -si es para aprender- hace que el ser humano crezca en positivo.
Un saludo.

juancar347 dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Iconos, pero entiendo que procurar ser correcto en todo momento, sin juzgar precipitadamente a nadie, es al menos lo deseable. Cierto que en algún momento todos nos podemos encontrar en la encrucijada de caer en algo incorrecto y cometer algún desliz de tipo personal. Reconocerlo o no, ya depende de la persona, pero creo -rebatible por supuesto- que evitar el cometerlo, también es importante. Un abrazo