martes, 17 de noviembre de 2009

¿Templarios en Conquezuela?


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Suelo leer el periódico todos los días. Uno de los periódicos de mayor tirada que se editan en el país, del que, por supuesto, me reservo el nombre; y no lo hago por miedo a que se descubran o se dejen intuir mis inquietudes políticas, las cuales considero tan dignas como las inquietudes políticas de cualquier otra persona, deriven éstas hacia el lado que deriven, pues si en algo como hombre sigo tropezando y haciendo bueno el refrán, es precisamente en obstinarme en pensar que el pensamiento y las ideas -y pido perdón por tanta redundancia- hasta tal punto tienen dignidad, que se pueden defender sin necesidad de que intervenga la malicia de Caín. Es una quimera, desde luego, porque si algo he podido llegar a constatar, y ya que al hablar de quimeras, en el fondo metemos en el asunto a la mitología, es que cuando se tocan estos temas, se empieza por el banquete de Agamenón, y se termina por la guerra de Troya. El artículo que me ha llamado la atención, tiene que ver con guerras. Es algo que ya posiblemente no nos llame demasiado la atención -y lo digo sin ironía- pues de sobra estamos acostumbrados a tropezarnos diariamente con ellas, bien cuando abrimos un periódico -a veces pienso, que esos cerca de cuarenta euros que se deja uno al mes en ellos, es como ese calor que se escapa por las rendijas de puertas y ventanas- o cuando, llegada la hora de la comida o la cena, ponemos el telediario. En efecto, el famoso 'parte' que hemos conocido de toda la vida y al que algunos, seguramente sembrados, iluminados o decididamente realistas, se refieren simplemente como el 'desgraciario'.
En ese 'desgraciario' manuscrito y matutino, que por costumbre uno compra todos los días, permaneciendo fiel básicamente por el hecho en sí de leer y la falacia de considerarse modestamente informado, a veces aparecen declaraciones sorprendentes, que surgen, deliciosamente, al calor de algo tan mundano y vanal, como es un almuerzo.
En el Almuerzo -y lo pongo ahora con mayúsculas, porque es así como se titula la sección en cuestión-, uno se suele encontrar con personajes tan desconocidos y variopintos, pero a la vez tan entrañables, que animan a seguir leyendo por el mero hecho de que el lector se hace a la idea de que, aunque sea al final y de manera posiblemente provisional, la noticia se valora más por el lado humano que por el lado partidista.
El nombre de Rossana Reguillo, sinceramente, no me dice absolutamente nada, a excepción de que, una vez leído el artículo donde se la entrevista, sus comentarios, en buena parte encaminados hacia algo que todavía continúa siendo un by-pass en el corazón de los españoles, se convierte -según se atreva uno a llevar la Memoria más lejos de un periodo marcado por el fratricidio entre izquierdas y derechas- en una auténtica parada cardíaca al leer frases como que 'España aún no ha hecho las paces con su pasado'. Y es cierto. Si nos paramos a pensar -sobre todo aquellos que aprovechamos buena parte de nuestras horas de asueto en patearnos esos caminos de Dios, en busca de testimonios referentes a nuestro pasado- seguramente lleguemos a la conclusión, de que hacer las paces con el pasado significa, en buena medida, mirar la Historia con espíritu, no ya conciliador, pero sí, al menos, abierto y objetivo.
Rossana Reguillo, es antropóloga. Mejicana de nacimiento, aunque de raíces españolas, aprovecha ésta circunstancia para acercarse a la patria paterna y ofrecer, en una serie de conferencias, su punto de vista acerca del problema de los narcos mejicanos, a los que considera inmersos en una guerra santa, y a los que define -reflejando el punto de vista de ellos, naturalmente- como 'soldados evangelizados, que emiten boletines de prensa a través de los cuerpos que van dejando...'.
Aquí interviene uno de los grandes mitos históricos que, de alguna manera, está siempre de actualidad: el soldado de Dios; aquél guerrero, místico y cruel a la vez, que de una u otra aparente forma, deja huella en los lugares donde combate y también en la memoria atávica de los hombres, hasta el punto de generar mitos y llegar a 'existir' en lugares que, a priori, y por falta de evidencias más consistentes, no parecen guardar relación con él.
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En el mundo occidental, el más universal y a la vez el más desprestigiado de los soldados de Dios , en mi opinión, fue el templario. Todo el mundo ha oído hablar de los templarios; a muchos interesa, pero en el fondo, y a pesar de que fue aquí, en la Península Ibérica donde estos belicosos freires milites se ejercitaron en lo que justamente se consideró en su momento como una prolongación de las Cruzadas, participando en batallas decisivas -la de las Navas de Tolosa o batalla de los Tres Reyes, por ejemplo- sus huellas, en la mayoría de los casos, resultan relativamente inciertas.
De la misma manera que el paso de los narcos que describe Rossana Reguillo no deja indiferente, el paso de los templarios por numerosos lugares de nuestro país, tampoco. Ahora bien, a diferencia de aquellos, que aunque sea de una manera atroz, ocupan gran parte de protagonismo en los medios de comunicación, la Historia ha sido ciertamente ingrata con éstos rudos milites Christi, siendo la política su principal verdugo, así como su brazo ejecutor.
Para aquellos que no conocen Conquezuela y sus alrededores, un primer vistazo puede que les deje, sencillamente, indiferentes. Es lo que tienen las parameras, que su aparentemente inhóspita soledad, parece que atrae -y de qué modo- a esa otra e incierta realidad, denominada, simple y llanamente, misterio, aunque éste se torne para algunos en completo desdén.
El misterio, lejos de constituir aquí un adjetivo acomodaticio, sugiere una realidad que se remonta, cuando menos, al alba de los tiempos, abarcando diferentes periodos históricos, incluídos, por supuesto, esa teórica presencia templaria y esa otra memoria histórica a la que hacía referencia Rossana Reguillo durante los pormenores de la entrevista.
El Neolítico ha sido uno de los periodos que, curiosamente, ha dejado mutitud de huellas en la zona, como demuestra, sin ir más lejos, el impresionante yacimiento antropológico de Ambrona, del que seguramente todos hemos oído hablar y más de uno hemos visitado. Sin embargo, es a la Edad del Bronce donde hemos de remontarnos, pues parece ser que es en ella donde se halla el génesis que hizo de la famosa cueva -hoy en día, llamada de la Santa Cruz- un enclave decididamente especial e inusitadamente interesante para el culto, como demuestran los cientos, miles de cazoletas -por desgracia los grabados, que también los hubo, han sido prácticamente destruídos, no por mala fe, sino por ignorancia- que se pueden localizar fácilmente en sus paredes.
Es evidente, y justo resulta precisarlo, que el entorno ha sufrido mutaciones, aunque la más importante y por cierto, la más desastrosa, se llevó a cabo en los años sesenta, cuando se decidió desecar la laguna que lo abarcaba en una parte considerable, con la finalidad de aprovechar el terreno para campos de cultivo. En la actualidad, prácticamente cincuenta años después, existen planes de expropiación de terrenos para, entre otras cosas afines a la política de la Confederación Hidrográfica del Duero, volver a rellenarla, mientras en el horizonte se observan, cada vez en mayor número, las siluetas de los molinos eólicos.
Por otra parte, la zona fue un importante foco celtíbero, cuyo rastro -aparte de las apreciaciones realizadas en su día por cierto catedrático de la Universidad de Valladolid, cuyo nombre, de momento me reservo, y que aludían a que presentía en la zona un descubrimiento de vital importancia, semejante, utilizando un símil, a lo que podrían ser los grabados rupestres de las cuevas de Altamira- se puede localizar, entre otros lugares, en la vecina población de Miño de Medinaceli y las tumbas situadas en un altozano a las afueras del pueblo, conocido con el nombre de 'el Castillo', hoy día cercado y reservado para custodia del ganado.
La cueva de la Santa Cruz, no constituye, en sí misma, desde luego, una sima espectacular. Téngase en cuenta, que cuando nos referimos a ella, hablamos de una abertura que se abre en la pared rocosa de un imponente farallón, y que se estrecha a los pocos metros de adentrarnos en su interior, impidiendo todo intento por continuar. Pero tiene unas características que, decididamente, ayudan a comprender el enorme interés totémico y religioso que el lugar tuvo para el culto. Entre ellas, desde luego, y producida por los hongos y líquenes que viven en sus entrañas, la curiosa luminiscencia de color verde, apreciable sobre todo de noche, que la confiere un aspecto indudablemente sobrenatural que, no cabe duda, es de suponer que actuara como detonante en la imaginación supersticiosa del hombre primitivo.
Unos metros antes de estrecharse como un embudo, y perfectamente definida como para considerarla obra de la naturaleza, una pila recoge, con absoluta precisión, el agua proveniente de la lluvia, filtrada a través de alguna abertura en la cima. Pero, sin duda, lo que más atrae la atención, es ese arco románico -probablemente de los siglos XII-XIII- que sobresale, inalterable del techo, al principio de la cueva. Una observación detallada, hace que pronto se descubran unas curiosas hendiduras en las paredes que inducen a suponer que, en su día, servían de apoyos a los travesaños de algún tipo de construcción, probablemente una ermita. Y aquí, como suele ocurrir tan a menudo, interviene la tradición. En concreto, aquélla que sitúa una antigua ermita románica en el lugar. Esta, según me comentó un vecino, estaría bajo la advocación de Santa Elena, madre de Constantino -recordemos la aparición en el cielo de una cruz, y una frase in hoc signo vincis, con este símbolo vences, que le reafirmaba su posterior victoria sobre Magencio- descubridora, segun la tradición, de la Santa Cruz, llegando a albergar, según algunos, un pedazo de ésta o Lignum Crucis. Las piezas del rompecabezas, pues, comienzan a situarse. Y probablemente, es en este periodo, donde algunos investigadores, como por ejemplo, Jesús Ávila Granados, situarían la presencia del Temple en el lugar, atribuyendo a éstos las dos tumbas (ver fotografía) que se sitúan en un saliente, en la actualidad inaccesible si no se accede por la parte de atrás, dando un extraordinario rodeo y corriendo algunos riesgos físicos. No en vano, mucha gente utiliza el lugar para hacer prácticas de alpinismo.
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El tema de las tumbas, ciertamente, es curioso. Hace unos días, y como dato informativo al respecto, el periódico El Heraldo de Soria anunciaba que, resultado de las excavaciones arqueológicas que se están realizando en el interior del templo de San Miguel, en San Esteban de Gormaz, se han descubierto varios enterramientos en la cabecera de la nave: tres tumbas, datadas en el siglo XVI, que podrían corresponder a sacerdotes, clérigos o personas de especial relevancia. El misterio, reside en el detalle inusual, de que están situadas en una zona especialmente sagrada, el altar, e inusualmente, también, orientadas al norte; es decir, mirando hacia los feligreses. Ahora bien, con relación a estas dos tumbas de Conquezuela, siempre se ha considerado que pertenecieron a anacoretas que un día decidieron retirarse, instalarse y morir en soledad en la cueva. En mi opinión, las cabeceras están orientadas hacia el sur, y aún, hasta tiempos relativamente recientes, se podían observar -según me comentó J.L.B.M., un vecino de Conquezuela, residente en Madrid- los restos óseos de sus enigmáticos y desconocidos ocupantes. ¿Qué fue de dichos restos?. Se ignora. También resulta un enigma, el por qué de la elección de tan dificultoso lugar para realizar los enterramientos. Se sabe, así mismo, que hasta hace poco, aún se podía acceder hasta el risco desde la boca de la cueva; pero esa posibilidad, repito, ya no existe.
La ermita, denominada como la cueva, de la Virgen de la Santa Cruz, se erigió en los siglos XVI-XVII, se supone que sobre los restos de la antigua ermita románica, aunque de éstos, no se aprecia rastro alguno, si exceptuamos el mencionado arco. Fue levantada, no por la Iglesia -que en algún momento indeterminado de la Historia cristianizó el lugar- sino por los vecinos de los pueblos de alrededor. Y el motivo, otro dato importante y fundamental, que aumenta el carácter sagrado del lugar: la aparición de la Virgen a un pastorcillo que guardaba el ganado en el lugar. A esa época se remontaría la romería que, tradicionalmente, se celebraba en mayo, aunque por causas de conveniencia, hace años que se cambió por la fecha del 9 de agosto.
El pasaje, ya era conocido por el rey Alfonso X, apodado el Sabio, gran aficionado a la caza de pajarillos en la laguna. También, y de manera anecdótica, se sabe que los invasores franceses sentían especial predilección por la excelente calidad de las sanguijuelas de ésta, las cuales importaban a su país para las tradicionales sangrías terapéuticas.
Durante la Guerra Civil -y he aquí otro dato relacionado con nuestra memoria histórica- la zona estuvo ocupada por el ejército nacional, siendo del famoso campo de las brujas, situado en la cercana población de Barahona, de donde partían los aviones que bombardeaban Sigüenza, en zona republicana.
Esta frontera natural entre ambas provincias, consta de elementos de verdadero interés, como el pueblo de Ventosa, apenas un despoblado en la actualidad -cuenta con unos cuatro o cinco habitantes- y las famosas cuevas de Olmedillo.
De Ventosa, destaca el detalle de que el promontorio sobre el que se encuentra situado el pueblo, está horadado de pequeñas cuevas, que hoy en día cobijan ganado y aperos de labranza, pero que hasta tiempos relativamente recientes, constituían el hogar de numerosas familias, semejando un hábitat ciertamente neolítico, siendo los campos de alrededor famosos por la exhorbitante cantidad de fósiles hallados.
Muy diferente, sin embargo, es el caso de las cuevas de Olmedillo, situadas ya en la provincia de Guadalajara, a una distancia aproximada de 30 kilómetros de Sigüenza y en cuya cercanía se localiza el nacimiento del río Jarama. Situadas, también, muy cerca de la Riba de Santiuste y su famoso castillo encantado -el fantasma de Manuela ha sido perseguido por personajes conocidos, como Antonio José Alés y más recientemente, por el equipo de Cuarto Milenio, dirigido por Iker Jiménez- constituyen lo que se podría definir como otro lugar genuinamente sorprendente. No se conoce, todavía, el final de su intrincada red de galerías, que se pierden en el interior de la tierra, aunque sí diferentes periodos de habitabilidad humana. En ellas, se basa una historia que se remonta a la Edad Media -e incluso a siglos posteriores- en la éstas cuevas sirvieron como refugio a gentes que se dedicaban a asaltar y asesinar a los viajeros que pasaban por ellí. Así mismo, se vieron ocupadas por el ejército republicano durante la Guerra Civil y hoy día, a pesar de ser propiedad privada, reciben la visita de arqueólogos, curiosos, excursionistas e incuso agrupaciones de espeleólogos.
La zona, pues, se puede considerar con toda justicia como un foco caliente, catalizador de multitud de fascinantes enigmas y misterios, incluidas las leyendas, como aquélla -común a muchos lugares no sólo de la provincia, sino, curiosamente, de otras provincias- del pueblo desaparecido de Viana, que se situaría en algún lugar entre la cueva y el pueblo de Conquezuela.
Situar la presencia del Temple en la zona, no sería demasiado descabellado, en mi opinión, aunque bien es cierto que no hay evidencia consistente que lo avale.
Para una visión más generalizada de Conquezuela, sus tradiciones y su entorno, recomiendo las siguientes entradas:

14 comentarios:

KALMA dijo...

Juan Carlos, mi niño, me parece estupendo que no pongas el periodico en si, por aquello de no dejar ver tus ideas politicas en democracia, eres libre. Ahora, que despues de leermelo entero, hablar de una noticia, ni siquiera decirme de que guerra hablas... ni el contenido del articulo... pues en confianza, me quedo ¡Plof! Casi que clamo que pase un/una periodista, a ver si descifra el jerogrifico o imagino que lo haras tu en la continuacion.
La foto una pasada, unos marcos estupendos, para una foto de esta bruja. Y el video, ya sabes lo que opino de tus videos. Abrazos.

juancar347 dijo...

El jeroglífico, amiga Kalma, se llama Alfred Hitchkock, el rey del suspense. Se trata de un ejercicio en el que pretendo desarrollar un tema, plasmando las ideas que se me van ocurriendo. Pasa que leyendo el artículo del periódico cuyo nombre no quiero pronunciar -más que nada por ética devocional hacia mis sitios, en los que la política, creo que no debe intervenir para nada si se puede evitar- me ha sugerido la introducción de un tema. Aunque claro, en ésta ocasión, vuelvo a las andadas de tirar la piedra y esconder la mano....de momento. Un abrazo.

Iconos dijo...

Este Juan Carlos, amiga Kalma, parte de la comunicación para poner en práctica un género, el del suspense, que es antiperiodístico. Ya sabes que en una noticia lo primero que se cuenta es lo más importante (o lo debiera ser), pero Juan Carlos usa un género literario o cinematográfico, el muy pillín. Desde luego, fuera de los periódicos, la intriga es mucho más interesante. Juan Carlos no nos tengas mucho tiempo en ascuas...que somos muy muy impacientes. Un abrazo.

juancar347 dijo...

Seguro que Mr. Kane me hubiera puesto de patitas en la calle, incluso media hora antes de presentar mi crónica. Antiperiodístico o no, al menos me reconocerás que el suspense no deja de ser, en el fondo, un artilugio más de ese maravilloso mundo artificial que es la Comunicación. Paciencia y un abrazo.

KALMA dijo...

Pues ni bruja, ni periodista... ¡Viva el suspense! a esperar paciente/s ...
¡Buenas noches! Y abrazos a los 2.

juancar347 dijo...

Aplicaté el sentido de tu nombre: calma. Buenas noches y a soñar con el suspense...

Iconos dijo...

Desvelado el periódico en el que lees una información elaborada por una excelente periodista -y mejor persona- muy vinculada a las noticias relacionads con la memoria histórica. Juan Carlos ¿a dónde quieres llegar? Como por el género utilizado lógicamente no me lo vas a desvelar... me fastidio y espero.. Una pista más, por favor!! Interesante juego. Un abrazo.

Iconos dijo...

No resisto hacerte la pregunta: ¿tiene relación el nombre de tu entrada con el final de la información a la que aludes?.

juancar347 dijo...

La pista ha sido buena, ¿eh?. En realidad, espero que con el siguiente párrafo no te sientas, mejor dicho, os sentáis demasiado decepcionadas. La verdad es que no quería llegar tan lejos, pero a veces, uno empieza a escribir y embrolla lo que hubiera sido algo más sencillo y menos largo de decir. Pero en el fondo, no deja de ser un pequeño ejercicio literario sobre un tema que, a fin de cuentas, genera mitos y asociaciones difíciles de demostrar...

juancar347 dijo...

La tiene, aunque me haya pasado con el relleno.

Iconos dijo...

¿Decepción? En absoluto. Todo lo contrario. Está siendo muy divertido. A seguir, entonces. Un saludo.

juancar347 dijo...

Gracias, Iconos. Espero que no seas muy severa cuando consiga poner punto y final al presente embrollo...

Iconos dijo...

No seré severa, ni mucho menos. ¡Pero si soy la dulce Iconos!(esto me lo acabo de inventar). Lo que tienes que hacer es continuar y, si lo deseas, rematar.

juancar347 dijo...

Gracias, Iconos por tu comprensión. Remataré sin falta e breve. Un abrazo