lunes, 27 de julio de 2009

Templarios en Villaviciosa: San Juan de Amandi


Queda al final de una calle cuya pendiente obliga a poner a prueba la dureza del freno de mano cuando uno estaciona el coche en un lateral de la acera. La forma de su porche, semicircular o semioctogonal, según se mire, y este detalle es importante, produce inquietantes sensaciones, las cuales varían con la aplicación de adjetivos tales como belleza, singularidad e incluso exclusividad. Independientemente de la siguiente inscripción en el porche que, situada debajo de una minúscula pero nítida cruz paté, advierte de lo siguiente:
'Hízose esta obra a expensas de D. JPH Caunedo i Cuenllas, cura de esta parroquia y arcipreste de Villaviciosa. Año de 1796'.
Los expertos tienden a situarla a principios del siglo XIII, y no en vano, está considerada como uno de los templos más destacables del románico asturiano: la iglesia de San Juan de Amandi.
Geográficamente hablando, no considero un desperdicio añadir que se encuentra estratégicamente situada a dos kilómetros escasos del casco urbano de Villaviciosa; a unos trescientos metros, aproximadamente, del hotel-rural La Cabraliega -lugar en el que el azar tuvo a bien que éste aventurero impredecible encontrara alojamiento- y poco menos que al principio de una ruta que, en cuestión de ocho o diez kilómetros, hace posible la visita a una serie de templos, románicos y prerrománicos, de vital importancia no sólo en la comarca de Villaviciosa, sino también en el resto del Principado, como pueden ser, entre otros, los templos de Santa María de Lugás, de San Andrés de Valdebárcena o de San Salvador de Valdediós. Junto a éste último, también cabe destacar el monasterio cisterciense -el Císter, la orden hermana no armada del Temple- de Santa María.
Si bien la documentación escrita es escasa y en la gran mayoría de los casos, inexistente, no dejar de ser una fascinante aventura, en el fondo, constatar la presencia de una escuela de cantería determinada, que si bien varió la decoración en cuanto a motivos escultóricos de canecillos y capiteles -exceptuando aquellos de origen netamente vegetal, comunes, por otra parte, en la práctica mayoría de templos- dejó al menos un mensaje o una huella constatable de identidad en la decoración de los principales pórticos de acceso.
Esta huella, de naturaleza eminentemente marinera, pues en mi opinión representaría una sucesión de ballenas -detalle desde luego lógico, si tenemos en cuenta la fama de certeros balleneros que han tenido siempre los pescadores del Cantábrico- que hermanaría, cuando menos, con la cercana iglesia de Santa María de Lugás, uno de los principales focos de peregrinación en Asturias, después, naturalmente, de Covadonga.
Partiendo de la base de que una orden, como la del Temple, destacó por su riqueza, así como también por la promoción de templos, hospitales y encomiendas desde las que controlaban extensos territorios, y dado que su presencia en Villaviciosa se hace evidente, si tenemos en cuenta que dejaron numerosas huellas, por ejemplo, en la iglesia de Santa María de la Oliva, no sería descabellado entrever su alargada y misteriosa sombra en templos como los mencionados de San Juan de Amandi y Santa María de Lugás, así como en algunos otros, situados no demasiado lejos de estos.
Posiblemente, la huella más evidente de ésta presentida presencia del Temple en algún momento de la historia de San Juan de Amandi, la encontraremos en esa perfecta cruz paté labrada en la pequeña pila de piedra situada a media altura en las columnas de la derecha de la puerta principal de acceso al templo. Exteriormente, excepto ésta inconfundible cruz, no parece haber indicios tan claros que señalen hacia la hipótesis templaria, si bien, estos se pueden buscar en los motivos que adornan los capiteles de sus pórticos de acceso, como los canecillos, que, cuál testigos indiferentes del paso de los siglos, sobresalen en su ábside.
Enfente de éste, y en un lateral del pequeño jardín que circunda a la iglesia y al cementerio, destaca lo que a priori parece un altar de piedra. Otro ejemplo de altar exterior, lo podemos encontrar, también, en la cercana iglesia de San Salvador de Fuentes -o Huentes, si utilizamos el bilingüismo de los carteles indicativos- distante apenas un insignificante kilómetro del casco urbano de Villaviciosa, una vez dejados atrás el tanatorio y el cementerio municipal.


2 comentarios:

KALMA dijo...

Buscando las huellas que el tiempo no ha podido borrar, las que se grabaron en la piedra, un sitio mágico, me hace replantearme alguna futura ruta a tierras astures, a un cruce de caminos. Un abrazo.

juancar347 dijo...

Si alguna vez haces esa ruta, Villaviciosa es una región de lo más interesante. Lo tiene todo: arte, historia, naturaleza, costa...y misterios del Temple para que no te aburras..