domingo, 20 de julio de 2014

Templarios en La Alcarria: el Monasterio de Monsalud


Aunque parezca increíble, en vista de su aspecto actual, el monasterio de Monsalud fue el más antiguo y a la vez, el más poderoso de los cuatro monasterios fundados por la Orden del Císter en la provincia de Guadalajara. De los otros tres, el monasterio de Bonabal, situado en las proximidades de Retiendas, corrió pareja suerte, y hoy día apenas es una ruina irreconocible en las que las alimañas campan por sus respetos. Otro tipo de suerte bien distinta, no obstante, corrieron los monasterios de Óvila y de Buenafuente del Sistal. Mientras que éste último continúa albergando una comunidad femenina de monjas del Císter y alentando retiros espirituales entre los conversos, quizá no deje de ser, al fin y al cabo, una clase de burla o justicia poética que el de Óvila continúe sobreviviendo al otro lado del Atlántico, una vez que fuera comprado y trasladado, piedra a piedra, a la mansión de Randolph Hearst, el que fuera el emblemático Ciudadano Kane de aquélla joya cinematográfica dirigida y protagonizada por el genial Orson Welles.

Recientemente recuperado por la Junta de Castilla-La Mancha, como fósil románico destinado a la curiosidad de un turismo cada día más exigente y cultural, la mayor parte de la historia legítima del monasterio de Monsalud, permanece vedada detrás del impenetrable Velo de Isis de una Historia que, lejos de ser Musa bienintencionada, abusa de la picaresca para enredar la estoicidad de un mundo demasiado dependiente del academicismo, y por lo tanto, demasiado enganchado a la desconfianza tomasiana como para especular más allá de lo documentalmente escrito. A este respecto, no es mucho lo que se sabe, en cuanto a su fundación, aunque parece ser que ésta fue muy anterior al año 1167, fecha en la que un documento considerado como fiable, menciona el legado, por parte del Arcediano de Huete, de nombre Juan de Treves, de la aldea de Córcoles con todos sus bienes. Legado que posteriormente, en 1169, sería ratificado por el rey Alfonso VIII, conocido como el rey de las Navas de Tolosa y rey que celebrara sus desposorios en Soria con Leonor de Plantagenet, hija de la que quizás fuera la mujer más fascinante del Medievo; aquélla que, según la leyenda, alentó a los cruzados en Tierra Santa con el pecho descubierto y su larga cabellera pelirroja en bandolera, inundando su corte con los mejores trovadores de la época, entre los que se contaba Chrétien de Troyes a quien, según se piensa, alentó su Cuento del Grial: Leonor de Aquitania.

Paradójicamente, se sabe el nombre y la procedencia de su primer abad: Fortún Donato, siendo su casa madre, el monasterio de Scala Dei, situado en los Pirineos franceses. De allí procedían, también, algunos otros abades que fueron ocupando progresivamente el cargo.
 
A partir de 1174, y ante la amenaza almohade, este mismo rey cedió extensos territorios a las órdenes militares; de ahí que, posiblemente, proceda la presencia de la Orden de Calatrava -recuérdese, heredera también de los templarios y según algunos autores, como Juan Eslava Galán, continuadores de algunas empresas secretas de éstos, como la búsqueda, por tierras jienenses de la famosa Mesa de Salomón-, en Monsalud y en Zorita de los Canes.
 
Independientemente de las modernas asociaciones templarias, como la O.S.M.T.H. (Ordine dei Cavalliere del Templo di Hierusalem), que celebran allí parte de sus ceremonias, habiendo declarado el monasterio como Sitio Templario, de la presencia de la histórica Orden del Temple en el lugar, nos queda, ajena, por supuesto a la documentación escrita, las manifestaciones populares, que fueron recogidas oportunamente, a comienzos de los años ochenta, por el escritor y más famoso viajero, que haya pasado alguna vez por La Alcarria: Camilo José Cela.
 
En efecto, publicado en 1986, su Nuevo viaje a la Alcarria, menciona tan interesante dato, olvidado treinta y nueva años antes cuando, de su mano excepcional, el mundo comenzaba a soñar con esta zona tan particular de Guadalajara, tras leer su Viaje a la Alcarria. De tal manera, que en éste nuevo periplo trotamundos, Don Camilo, que por entonces viajaba en un formidable Jaguar a cuyo volante se sentaba impertérrita una belleza de ébano a la que cariñosamente llamaba Oteliña, ya se hacía eco de esos misteriosos orígenes cuando, en la página 167 de la edición publicada por la Editorial Plaza & Janés, S.A., nos hacía la siguiente revelación: ...Estas piedras del monasterio de Monsalud vienen del siglo XII y, cuando se alzaban con mayor fundamento y armonía, fueron del orden o religión del Temple; después pasaron a los benedictinos y luego al Císter y alojaron entre sus muros mucha ciencia y no poca historia.
 
Con razón o sin ella, lo cierto es que, si bien mucho de ese fundamento, armonía, ciencia e historia se han perdido irremediablemente, todavía quedan algunos detalles que, si bien no demuestran nada por sí mismos, sí deberían provocar cábalas en el vidente, pues no dejan de ser significativos. Sólo por citar algunos, no deja de ser un detalle interesante la base de planta octogonal sobre la que se asienta la pequeña fuente, en el centro geométrico del claustro. Un claustro que, aunque mal herido, todavía conserva, prácticamente intacta, una de las más armónicas y a la vez hermosas salas capitulares que haya contemplado jamás. Una sala capitular que, además, tiene, como curiosidad añadida, la forma de cerradura de su pequeño ventanal principal. Una forma, que quizá esté en consonancia con la opinión de algunos autores, como el fallecido Juan García Atienza, quien en más de una de sus obras, ya llamaba la atención sobre la planta en forma de llave que, en su opinión, tenían muchos de los edificios atribuidos con o sin fundamento a la Orden del Temple. Pero aún, hay otro detalle mucho más curioso e intrigante todavía: ese hueco, situado en el lado derecha de la cabecera, muy cerca de donde en tiempos debió de estar situado el altar, esmeradamente labrado en su interior, con profusión de motivos cabalísticos en su interior, semejantes a aquellos otros que se localizan en otras partes de la provincia, como pueden ser Campisábalos -óculo de la Capilla de San Galindo- o en las mismísimas geometrías mágicas del formidable ábside de la iglesia de Santa Coloma de Albendiego. Que era para albergar algo sagrado, no me cabe duda. Pero se trataba tan sólo de los utensilios sagrados asociados a la Eucarística o, por el contrario, eran el cofre del tesoro de alguna reliquia que, por su carácter y naturaleza, era considerada, quizás, como mucho más sagrada.
 
En fin, sea como sea, el hecho es que, se acepte o no, es difícil no dejarse llevar por la especulación cuando de la Orden del Temple se trata y uno intenta desenvolverse en un lugar, a la postre tan enigmático y misterioso como este malherido monasterio de Monsalud.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Juancar. Yo también soy un enamorado del medievo y también escruto lentamente todo lo relacionado con el Temple. Aunque llevo poco tiempo aún caminando por estos senderos. Mi experiencia fuerte la tengo con la vida salvaje, soy naturalista y trabajo como guarda del medio natural en Asturias(los guardabosques del pasado).Sigo tú blog y me gusta, pero lo que no me gustó es el termino antidiluviano"alimañas", para referirse a la fauna libre y salvaje.Es un termino muy empleado en el franquismo,totalmente cargado de connotaciones tercermundistas. Tal termino no sería muy propio ni para druidas(el lobo y otros animales eran venerados), ni sufíes y creo que tampoco para los templarios. Sin animo de ofenderte, pero sí pidiendote más prudencia y propiedad en algunos calificativos. Un abrazu desde Asturias. Xurde Gayol. Ortigueira. Coaña.

juancar347 dijo...

Hola, Xurde. En primer lugar, agradezco tu amable comentario, aunque tratándose de temas como el medievo y el Temple, te puedo asegurar que no por mucho caminar se llega a saber más de ellos, aunque sí ayuda. Acepto con humildad tu reprimiendo en cuanto al uso de término 'alimañas' y prometo tenerlo muy presente en futuras ocasiones. Lo creas o no, me considero una persona muy respetuosa, no sólo con el medio ambiente, sino también con todas aquellas criaturas que cobija y entiendo perfectamente que saques a colación a unos seres excepcionales, como fueron los druidas y la gran veneración que sentían no sólo por los animales, sino también los entornos naturales que eran, en definitiva, sus templos y sus escuelas.Espero sepas disculparme.
Un abrazo