viernes, 27 de septiembre de 2013

Astureses: iglesia de San Xulián


'La iglesia templaria de Astureses, dependiente de la encomienda de Amoeiro, luce en su tímpano principal una enigmática cruz tau-anksada, dentro de cuya "asa" se inscribe una cruz griega expresando la dualidad exoterismo-esoterismo propia de la Orden. Menos enigmática, pero más sugerente, es una lápida que puede verse en el muro norte a nombre del caballero templario frey Juan Pérez de Outeiro, fallecido el 3 de agosto de 1286.
En él, los romances han concretado la tradición céltica del "alma peregrina", muy corriente en Galicia...'.
[Rafael Alarcón Herrera (1)]
 
Cuando abro este libro y observo la dedicatoria que el propio autor me dedicó en la contraportada, no puedo evitar sentir cierto irreprimible sentimiento de nostalgia. Fue en Ejea de los Caballeros -para más inri-, el día 26 de marzo de 2010, cuando este amigo y Maestro, escribió el siguiente epitafio, con letra pulcra y en mayúscula, imitando, quizás, las marcas de reconocimiento de otros ancestrales Maestros, como fueron los canteros medievales: 'A Juancar, "el Hidalgo de la Esotérica Figura"..., con mi aprecio y amistad, para que nunca pierda su emocionado entusiasmo por los misterios del Medievo'. Recuerdo que en aquélla ocasión, mis pies andaban sobre seguro, pues ahí estaba la figura del Maestro para velar porque mi entusiasmo no me hiciera caer en los abismos del error, que tan frecuentemente esperan al investigador que se atreve a caminar detrás de las huellas de estos enigmáticos, y a la vez escurridizos caballeros medievales, que fueron los templarios. Desde entonces hasta ahora, hemos compartido viaje en algunas ocasiones y hemos volado, también en solitario, en muchas otras. Es ley de vida que el polluelo abandone la seguridad del nido y se embarque en sus propias aventuras. La vida, unida a la infinitud de situaciones que presenta, es la mejor escuela. Nadie es ajeno a sus tretas, pero seguramente todos hemos aprendido de los errores y los fracasos. Reconocerlos y aceptarlos, es la mejor forma de aprender. Porque haciéndolo, no sólo se mantiene en equilibrio ese gemelo conspicuo y negativo que nos acompaña a todos, en menor o en mayor grado, y cuyo nombre, Ego, nos hace muchas veces olvidar lo fundamental de una investigación: la honestidad. También es cierto, que honestamente reconocí mi error, en el momento en que precisamente el Maestro me lo hizo saber, castigándome a retroceder varias casillas en el Juego de la Oca, que de alguna manera no es ajeno a lo que aquí se comenta, y permanecer varios turnos sin tirar. Duele decirlo, pero ya que somos, o pretendemos ser honestos, alegaré, en mi descargo, que mi caída en el error, estuvo motivada, principalmente, por seguir las recomendaciones de otro gran Maestro de la España Mágica, como fue Juan García Atienza, quien, en varios de sus libros -sobre todo, en sus famosas Guías de la España Mágica, precisamente- cayó en el error de confundir la cercana iglesia de Santa María de Xuvencos, con ésta otra de San Xulián de Astureses. Por qué no reparó su error a tiempo, sabiéndolo, como me consta, que lo sabía, es un misterio que me temo que ya nunca sabremos. Pero a pesar de todo, y teniendo en cuenta su extraordinaria labor divulgadora, creo que es un pecadillo que se le puede perdonar de todo corazón, sin que ello enturbie, en absoluto, la gran labor realizada, y ante todo, el respeto ganado y merecido. Eso no quita, evidentemente, para que yo, personalmente, tuviera una deuda pendiente, no sólo con este lugar de Astureses, sino también conmigo mismo y sobre todo, con esos amigos que, con mayor o menor asiduidad, se pasean por las páginas de este blog. Recientemente, tuve ocasión de volver a Galicia, y no podía desaprovechar la ocasión de acercarme hasta Astureses y comprobar, tal y como dice el Maestro Alarcón, que la tumba con la inscripción del alma condenada de Frey Juan Pérez de Outeiro continúa allí, en su lugar del muro norte; que la extraña cruz con "asa", similar al ank o Cruz egipcia de la Vida, no sólo continúa en la portada principal, sino también en la portadilla del mencionado muro norte; que junto a la entrada principal, hay algunas tumbas misteriosas, con el extraño dibujo de un tallo o una flor y una letra canteril (A); que el templo de San Xulián, no sólo impresiona por formar parte del cementerio del pueblo, sino por su enorme altura, y que aparte de las ocas que se muestran en alguno de sus capiteles, continúa formando, en su totalidad, todo un conjunto de misterios, que bien merecen un viaje, o dos, o incluso los que sean necesarios. No pude comprobar, no obstante, por tener que pernoctar lejos de allí, si el alma de Frey Pérez, continúa apareciéndose por las noches, cosa que no me extrañaría, porque esto es Galicia y si de Galicia se puede afirmar algo con la seguridad de no errar, es precisamente que allí, cualquier cosa es posible.
Os dejo pues, con el vídeo, en la seguridad de que una imagen vale más que mil palabras, y sin menospreciar las obras de nadie, os recomiendo encarecidamente que, si tenéis oportunidad de conseguirlo, os leáis el libro de Alarcón.

 
(1) Rafael Alarcón Herrera: 'La huella de los templarios: ritos y mitos de la Orden del Temple', Ediciones Robinbook, S.L., Barcelona, 2004, página 168.

4 comentarios:

Alkaest dijo...

El mencionado Alarcón, que no cree merecer tales alabanzas, me asegura que si el buen caminante se siente inclinado a expresarlas, con tan singular vehemencia, las admitirá al menos "cum grano salis".
También me comenta que un "Magister" debe procurar que sus "discípulos" sean "buenos discípulos", tanto por bondad como por egoísmo...
Me explico, un buen discípulo es también alguien de quien aprender, alguien que, consciente o inconscientemente, enseña a quien le enseñó. De ahí el sano egoísmo.
Doy la razón al "Magister", yo tengo a gala presumir de que éste "discipulillo caminante" me ha enseñado dos o tres cosillas. Con eso debemos darnos por bien pagados, a cambio de los magros conocimientos que podamos compartir.

Estuve en Astureses allá por el lejano año 1992, y me dejó impresionado -una vez que logré encontrarlo, pues iba extraviado por las confusas indicaciones que ya se han dicho-.
Creo que entre todas las señales de misterio que el lugar guarda, no debemos despreciar esa pareja de anillos y esa especie de "tonel" vegetal en las mochetas de su portada principal...
Por cierto, ¿que habrá en las mochetas de la medio-cegada portada secundaria?

Yo tampoco vi al espíritu vaporoso de nuestro buen fraile templario, pero el lugar irradiaba esa presencia intangible que se siente en muchos templos gallegos, donde las viejas piedras semejan tener vida propia y estar ansiosas de contarnos su historia.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Tanto Maestros como alumnos, son complementarios y dejando a un lado las aportaciones, siempre en su justa medida, que puedan ejercer el uno para el otro, por encima está siempre la Humildad. Lo digo porque, por desgracia, sé por experiencia que es precisamente de esta cualidad de la que carecen muchos que van de maestrillos, sin darse cuenta de que en realidad, todavía continúan siendo aprendices. Por eso, cuando uno está frente a un Maestro de Verdad, no puede por menos que admitirlo, reconocerlo y ser justo, sobre todo en gratitud. Este el caso, y como tal, no siento ningún reparo de confesarlo. Tampoco siento reparo de reconocer una metedura de pata y tratar de enmendarla lo mejor posible. Lo digo sin falso orgullo, pero no todo el mundo está dispuesto a recorrer 600 kilómetros para reparar un error.
Por otra parte, mereció la pena, y aunque en esta entrada no he pretendido describir mis sensaciones y posibles descubrimientos (sí te diré, que te fijes en las basas de las columnas del pórtico principal y las compares con las de San Esteban de Atán), no deja de ser cierto que una de las sensaciones que se experimentan cuando se visita este lugar es, como muy bien dices, la impresión. Creo que detrás de este monumental conjunto, hay una antigüedad cuya historia ha de ser, ante todo, fascinante. Lástima que, casualmente, sólo se conserven referencias a la orden del Hospital y a su ocupación de la iglesia a partir de 1319.
Un abrazo

Baruk dijo...

Precioso homenaje a tus maestros. Muy bien polluelillo!! :-)

juancar347 dijo...

Qué menos, si al fin y al cabo me han hecho disfrutar y han mantenido vivo mi interés por estos fascinantes misterios durante muchos años. Además, como decía Don Romano de Turno: errare humanum est. Me alegro que te guste, Barukilla. Un abrazo