jueves, 3 de enero de 2013

¿Una estela funeraria templaria en Bordejé?



Como muchos otros pueblos de la provincia de Soria, no cabe duda de que Bordejé conoció épocas, cuando no tiempos mejores. Situado a apenas un par de kilóemtros de una población de cierta relevancia, como es Almazán, este pueblecito pasaría por completo desapercibido, si no fuera porque la robusta constitución de su parroquial, situada sobre lo más alto de las lomas que bordean el pueblo, llama la atención del viajero a kilómetros de distancia.
Si alguna vez fue un templo románico -posiblemente lo fuera-, apenas lo aparenta en la actualidad. Pero tampoco ese detalle sirve de excusa para pasar de largo y desaprovechar la ocasión de echar un vistazo, dejándonos llevar, siquiera una vez, por la caprichosa veleidad de la curiosidad, pensando que cuando un menos se lo espera, alguna sorpresa se encuentra. Fue de este modo como, allá por las postrimerías del año 2007, me encontré con dos curiosos detalles: unas tijeras abiertas, graciosamente labradas en uno de los sillares de la ventana de la fachada del lado sur, y una estela funeraria, con una doble cruz patada -una grande, y otra más pequeña ocupando el pequeño círculo central- reutilizada como material de relleno en la pequeña galería que protege el pórtico de acceso al templo.
No son muchos los datos que se disponen acerca de Bordejé, pero sí se sabe que hace algunos años, durante una tormenta con importante aparato eléctrico, un rayo incidió sobre la iglesia, ocasionándola considerables desperfectos. De hecho, todas las piezas valiosas que había en su interior, fueron trasladadas de lugar. Mientras que algunas piezas, como imágenes y retablos fueron trasladados a Valladolid para su custodia momentánea y restauración (1), todavía se conserva un Calvario gótico, que se expone en el ábside de la cercana iglesia de San Miguel, en Almazán.
El símbolo de las tijeras, aunque raro, tampoco es excepcional y en ocasiones representaba la aportación que algunos gremios, como el de los sastres, hacían para la creación de un templo. De hecho, este es un símbolo que se puede localizar, y por duplicado, al menos, en uno de los lugares más interesantes del románico de la provincia: el claustro de la concatedral de San Pedro, situado en Soria capital, muy cerca del puente del piedra y del excepcional monasterio de San Juan de Duero y, por defecto, del monasterio templario de San Polo y el camino de acceso a la no menos enigmática ermita de San Saturio.
Tampoco sería un dato demasiado excepcional, que la presente estela funeraria hubiera pertenecido a un miembro de la milicia templaria, si tenemos en cuenta que en las cercanías de Bordejé, aún quedan algunos rastros de la presencia en tiempos de la Orden, como sería el caso de Morón de Almazán, donde todavía se conserva la tradición que señala que la ermita de los Santos Nuevos, situada a las afueras del pueblo, fue en el pasado un convento de monjes-guerreros.
Pero también es cierto, que en ocasiones los pequeños indicios contribuyen a orientar al investigador hacia grandes verdades. Ahora sólo cabe plantearse la cuestión de si el pueblo está enclavado sobre tierras que pertenecieron en tiempos medievales a los templarios y continuar las pesquisas en favor de una confirmación histórica, a ser posible documentada, detalle harto complicado, pero quizás no imposible.  


(1) La información me la proporcionó hace algunos años, la guía de la iglesia de San Miguel, en Almazán, quien añadió que ya jamás volvió a saberse de dichas piezas.

2 comentarios:

Baruk dijo...

Querido investigador incansable del camino, que fácil resulta acompañarte desde esta ventana virtual!!

Que motivador resulta encontrar en paredes de una iglesia "pelada" elementos grabados de algo anterior, te hace reflexionar, verdad?

Solo una cosa, esas "tijeras abiertas" no dirías que tienen más similitud con las dos llaves eclesiásticas que decoran muchos dinteles de ventanas?

Salud y románico

juancar347 dijo...

Hola, Baruk

Una emotiva reflexión. Es cierto, encontrar retazos de algo anterior no sólo te hace reflexionar, como bien dices, sino también pensar en esa otra historia que, por desgracia, se nos escamotea. También sería lógico pensar que hubieran existido, por ejemplo, más estelas, de las que no se tiene noticia (o al menos, yo no la tengo) y más elementos con los que aventurar un juicio o una hipótesis quizás más acertada. Pero hay que procurar intentar 'trabajar' hilando a partir de lo que se tiene, aunque en este caso, sea poco. O quizás no, porque, como aventuro, la posible presencia de los monjes-guerreros, no parece descartada por la zona y sus alrededores. En cuanto a tu pregunta sobre si las 'tijeras' no podrían ser dos llaves eclesiásticas...podrían, pero no sé, yo creo que no. Que tienen similitud, sí, es cierto, pero a mi me siguen pareciendo unas tijeras. Tampoco sería extraño que en origen, quizás hubieran sido unas llaves. Son elementos que se localizan en muchas, muchisimas iglesias, sin que ello desvirtúe el misterio primigenio del mensario románico de las mismas. Como también aparecen las armas y los escudos de obispos y prelados que, en algún momento de la Historia, se hicieron cargo de las parroquias aledañas a su territorio. Pero está bien incidir y plantear cuestiones. Incluso el nombre de la iglesia ya constituye un pequeño dilema: alguien me dijo, aquélla primera vez, que estaba bajo la advocación de San Antón; ahora bien, en otros sitios, aparece como de San Martín (de Tours). Ambos fueron santos de la devoción templaria, pero también uno más 'relevante' que el otro...
Por cierto, sigue atenta porque a lo mejor en breve te sorprendo con otro tema que posiblemente te interese...
Un abrazo