lunes, 17 de octubre de 2011

El Mito Templario del Monsacro: Cuarta Parte



Una visión artística y personalizada del Mito


Si bien el cine y la literatura en los últimos tiempos han sido prolíficos a la hora de reflejar en sus respectivos ámbitos -bastante relacionados, por cierto- el fantástico universo generado por la más interesante y a la vez más controvertida de todas las órdenes medievales de caballería, la Orden del Temple, el Arte, en su dimensión global y salvando los ilusionismos ocultistas que la resucitaron a partir del siglo XVIII -sobre todo en esa Francia, que tan determinante papel jugó en su extinción- no ha sido especialmente pródigo a la hora de reflejar un fenómeno que en la actualidad continúa atrayendo la constante atención del público en general.
El Monsacro, de similar manera a numerosos lugares de la Península, atrae, hacia su entorno y sus ermitas, el presunto direte de; el eco arcaico e inconstante de una tradición que, aún a pesar de su riqueza arcaica, adolece en la actualidad de volutas de humo repartidas por los cuatro puntos cardinales. Tal vez no sea mala idea buscar alguna respuesta en ese viento; quizás el mismo viento al que un jovencísimo Bob Dylan dedicaba parte de sus mejores acordes y que posiblemente guarde el secreto echado a la pira por inefables torquemadas; sacado a golpe de talonario de los archivos monasteriles; vendido en ferias como el que vende estampitas, sean o no del tocomocho. Quien se tome la molestia de pasear por los pueblines que, como satélites pululan por los alrededores de éste ctónico y antediluvial paisano, encontrarán restos de más de una cruz paté. Alguien pensará: vale, eso no indica nada, es un tipo de cruz muy utilizado que aún en la actualidad se sigue viendo en muchos camposantos del Principado (1); un tipo de cruz, casual o causalmente utilizado también como modelo de consagración de iglesias...Y yo me lo creo todo, porque si hemos de ser honestos, en derecho también podemos pensar que indican lo contrario y que forman, o mejor dicho, formaron parte de ermitas, iglesias y monasterios de la Orden de los que hoy no queda ni siquiera la memoria.
Bajo este punto de vista, lícito también considero que cada uno exprese su creencia y sentimiento de la manera que crea más conveniente. En la diversidad está el gusto y quién sabe, quizás en la afinidad, también. Es por ello que no tengo ningún reparo en manifestar que la fotografía del óleo original que ilustra la presente entrada, me hechizó cuando su autora -una persona a la que aprecio sinceramente, pues no en vano bajo su guía atenta y desinteresada pude acceder no sólo a la cumbre del Monsacro y el misterio de sus ermitas, sino también a numerosos de esos satélites a los que hacía referencia-, tuvo a bien enviármela y permitirme amablemente su exposición en este blog. Un óleo que recoge de una manera personal, magistral y sobre todo subliminal todos aquellos mitos y todos aquellos sentimientos que hacen del lugar, que no le quepa duda a nadie, algo sencillamente Especial.
No podía ser de otra manera. Su autora, Nati Torres, es originaria de una región mistérica, mágica y, por añadidura, prolífica en huellas templarias: el vecino Bierzo leonés. Afincada en la actualidad en el pueblecito asturiano de Santa Eulalia de Morcín, situado a apenas ocho kilómetros de la capital ovetense, en esa cuenca minera que no poca historia se ha llevado junto al carbón, y cómo no, a la vera del Monsacro, su admiración por el lugar se manifiesta con una idealización encomiable. Es por eso, que quiero compartirlo con vosotros, teniendo la seguridad de que la magia que despliegan sus dedos a través de los pinceles, no dejará en absoluto a nadie indiferente. Y en cierto modo, conservo también la esperanza de que tan prolífica influencia nos depare en el futuro otras obras que nos hagan meditar y nos traigan, siquiera sea a través de la frialdad de la Red, la Magia de un lugar que, en la actualidad, y por absurdos intereses políticos, está a punto de perder su idiosincrasia original.


(1) Un ejemplo de ello, lo tenemos en el cementerio situado junto a la iglesia de San Juan de Amandi, en Villaviciosa.

2 comentarios:

Alkaest dijo...

Permitidme que, aún sin merecerlo, actúe de notario y certifique la magia y el enigma que flota sobre ese "Monsacro". Y digo, "sin merecerlo", porque aunque en varias ocasiones he recorrido su entorno, todavía no tuve ocasión de ascender a la cumbre. ¿Casualidad, causalidad, el destino? ¡Quien lo sabe!

Pero aún, desde el pie del monte, con solo hablar un poco con las gentes del contorno, se puede ya captar que lo que allí alienta es algo más que piedra, piedra bruta y piedra trabajada. Lo que allí alienta es el Espíritu, así, con mayúsculas.

¿Lograré algún día subir al Monsacro, a pesar de mi avanzada edad? ¿O tendré que conformarme con sentir esa magia a través de quienes si subieron?

En cualquier caso, se que he rozado la magia y el misterio, tan solo con estar al pie de ese enigma pétreo, con haber estudiado los documentos que sobre él hablan, y escuchar a los habitantes de los contornos narrar las leyendas que lo adornan.

Feliz tú, Juancar, que has podido gozar las delicias de ese lugar.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Mi querido Magister: sabes que en este blog tienes las puertas abiertas y sólo tú debes decidir si sentirte o no como en tu casa. Siempre he dicho, y así lo he pregonado a los cuatro vientos en toda ocasión que la casualidad o la causalidad han sacado tu nombre a relucir, que dos de los muchos rasgos que admiro de ti, son precisamente tu honestidad y tu humildad. Ambas cosas las pueden confirmar, aunque no sea necesario, todas aquellas personas que tenemos la fortuna de conocerte. Dices bien, en el Monsacro alienta el Espíritu, y también aciertas cuando me supones feliz por haber alcanzado esa sublime cumbre. Bien sabe Dios que sudé mares y maldecí...¿como un templario?. Pero mereció la pena. Y también hablas con propiedad, porque ese Espíritu no alienta sólo en la cumbre y sus misterios, sino que se desparrama por el entorno, por los pueblines cercanos, por sus gentes, por sus leyendas y tradiciones. Conocerlas, es también otra forma de 'ascender al Monsacro'. No sé por qué, pero tengo la sensación, 'ancianito', de que en un futuro próximo subiremos ambos, aunque sea intercambiando crujidos de huesos. Un abrazo