miércoles, 22 de junio de 2011

El Cañón de los Templarios




Visto desde este tradicional mirador de la Galiana, sólo cabe un adjetivo para definirlo: impresionante. Esta falla antediluviana, que se extiende a lo largo de una treintena de kilómetros por las provincias de Soria y de Burgos, alberga, en lo más profundo de su corazón, una de las joyas más emblemáticas y a la vez más misteriosas de cuantas nos ha legado la que posiblemente fue la más importante y mediática de las órdenes de caballería medievales: la Orden del Temple.

Desde ésta posición, la ermita templaria de San Bartolomé no se advierte, aunque también es cierto que aquéllos que conozcan la zona, pueden situarla mentalmente sin dificultad entre los farallones y la arboleda que se advierte al fondo y a la derecha, siguiente la carreterilla que se desvía en dicha dirección, junto al puente bajo el que discurre el río Ucero, cuyo nacimiento se localiza algunos metros más arriba.

Hacia la izquierda, es fácil observar el Centro de Interpretación y la piscifactoría, y más allá, enhiesto y solitario en lo más alto del monte, como un halcón al acecho, el contorno inconfundible del castillo de Ucero, posición estratégica desde la que los aguerridos fratres milites vigilaban la entrada a este Cañón del Río Lobos.

Ocho siglos después, aún persiste una inquietante pregunta: ¿qué objeto tenía ésta ermita en un lugar tan apartado y solitario?

Un gran enigma histórico, sutilmente aderezado por unas panorámicas extraordinarias.





8 comentarios:

Alkaest dijo...

Hay una explicación, tan sencilla, lógica y coherente, que los que no quiere oir no la oyen...

El Temple, como institución, no estaba compuesto por una sola pieza, sino por muchas.
Existía el Temple guerrero, el comerciante, el religioso, incluso el poético, el filosófico y, como no, el espiritual.
Este cañón del río Lobos, fue siempre ideal, por su aislamiento, para el retiro eremítico.
Aquí, el Temple, si es que el lugar le perteneció alguna vez, pudo tener un refugio tranquilo, lejos de las distracciones mundanas, donde sus hombres de Espíritu pudieran meditar sobre cuestiones trascendentes.

Si ello fue así, o no lo fue, lo cierto es que, quien quiera que fuese el que habitó estas soledades, tuvo tranquilidad para meditar, para pensar, para vivir la profundidad interior.
El entorno que aquí ofrece la Madre Naturaleza, es un excelenta catalizador para las energías de nuestro yo profundo.
Quien lo probó, lo sabe...

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

No me cabe duda de que tus palabras contienen una gran verdad, pero presiento, con todo el respeto, que de alguna manera, también es una verdad a medias que no termina de completar ese enorme puzzle mistérico que es la presencia del Temple en el lugar. Eremitismo, espiritualidad, retiro, observancia, contemplación...sí, muy probable. Pero simplemente por las características del lugar y el punto donde se encuentra situada la ermita, pienso que había algo más; algo de especial trascendencia, y no me refiero a la teoría Atienza y la equidistancia de los cabos peninsulares más extremos. Allí el Temple rumió algo más que tranquilidad espiritual. Pero es sólo una opinión personal. Un abrazo

KALMA dijo...

Hola! Un sitio mágico donde aislarse y perderse, donde poder reunirse al amparo de un entorno tan salvaje como protector.
Cómo me gusta perderme en este sitio, ver los nenúfares, cobijarme a la sombra de una de sus cuevas e imaginar a los primeros moradores... ¿Cuantas personas las habrán habitado?
¡Me gusta tú entrada! Un besote.

juancar347 dijo...

Eso es cierto, bruja: hay muchos rincones especiales en este Cañón donde perderse, evadirse y desde luego, dejarse llevar por la ensoñación. La presencia del Temple en tiempos, sólo es una peculiaridad más, que quizás haga que una visita sea más interesante, pero ir alli y no disfrutar de esa belleza, sería desde luego un pecado. Esas pequeñas pozas, como dices, con sus nenúfares flotando en la superficie, las tonalidades del agua al contraste con la luz solar, las cuevas (hay centenares de ellas y muchas aún sin explorar), la flora y fauna...En fin, un sitio especial como pocos. Un abrazo

CARLOS dijo...

Es cierto este lugar es uno de los mas bellos y al mismo tiempo misteriosos que he visitado.Para mi es un verdadero misterio la ubicacion de esa capilla en ese lugar tan apartado, sobre todo si tenemos en cuenta el dificil acceso en aquella epoca.Un dato y una pregunta he leido y oido que justo en el punto donde se ubica la capilla templaria es el punto medio si trazasemos una linea entre Finisterre y el Cabo Creus.¿es cierto ese dato? y si lo es ¿podria ser mera casualidad o significa algo? De todas formas esa zona es preciosa y tiene algo que atrae de hecho hay ciertos lugares en la peninsula que parecen tener cierto podre de atraccion, para mi por lo menos. Un saludo.

juancar347 dijo...

Hola, Carlos. En realidad, no deja de tener su lógica la elección de lugares apartados que pudieran cumplir los objetivos de soledad, contemplación y retiro de los monjes. Salvo que en éste caso se 'cumple' una de las constantes del Temple: el establecerse en lugares de culto anteriores. Con respecto a la teoría de que ésta ermita de San Bartolomé es el punto medio entre los cabos más equidistantes de la Península (Creus y Finisterre), se basa en una teoría lanzada en los años 80 por Juan García Atienza, investigador de la España mistérica recientemente fallecido. No deja de ser curioso, en efecto, aunque investigaciones recientes tienden a demostrar que no es tan exacta; la medición a través de GPS varía de forma considerable. Atienza, en sus investigaciones, tendía a demostrar, al menos sobre el papel, la importancia del paralelo 42, en cuya línea se recogen numerosos lugares de culto ancestral y los templarios solían tener fijación por estos lugares, sin duda como los eternos buscadores del Conocimiento que eran. Esto quizás pueda darte una pista de por qué algunos lugares (hay quien los denomina de Poder, yo prefiero utilizar del Espíritu) ejercen una especial atracción en el ser humano. Saludos

Leo dijo...

No es tan ilógica la ubicación de la ermita, puesto que en aquella época sería lugar de paso. Es un camino natural que une los pueblos de la vega con la zona de pinares. De ser así, la ermita no estaría tan aislada como muchos piensan, o quieren hacer pensar.

juancar347 dijo...

Quizás sí y quizás no. De hecho, en la época en la que estamos hablando, no creo que existieran demasiados núcleos de población. Tampoco hay constancia de que los árabes hubieran penetrado en el Cañón, y al parecer, sí de que lo bordearon. Posiblemente, fuera más conocido después de la desaparición de los templarios. Es más, para asegurar su aislamiento, todavía circula una curiosa leyenda sobre un pueblo que estuvo situado en las proximidades de la ermita, cuyos habitantes murieron por beber agua envenenada. Una leyenda que se recoge también en otros lugares de Soria y que podría ser una de las estratagemas de éstos para espantar a los curiosos. No es cuestión de mirarlo con ojos de hoy, sino con los de entonces y como pudo ser. De cualquier manera, en este tema, nadie tiene la última palabra y desde luego, creo que todas las opiniones son válidas.