jueves, 10 de junio de 2010

Restos templarios en Ayerbe: la torre de San Pedro

Huérfana por completo de nave, y aunque a simple vista no lo parezca, el templo que se levantaba junto a ésta torre románica tenía la categoría de colegiata, es decir, fue una iglesia principal que contaba con un cabildo eclesiástico y en ella las liturgias eran similares a las de las catedrales. Así rezan los carteles indicativos refiriéndose a este resto que, si bien desmebrado sin remedio, fue declarado, no obstante, Monumento Nacional en 1924 y Bien de Interés Cultural en 2003.
No obstante, muchas son las circunstancias que han concurrido para que de ésta iglesia, que ya hemos dicho que tenía la categoría de colegiata, se perdiera irremisiblemente do, esparciéndose sus fragmentos como cenizas al viento.

Pero sin duda, y siguiendo idénticas pautas a las seguidas por numerosos monumentos históricos de la Península, la Guerra de la Independencia marcó el principio del fin. Especialmente cuando aquí, en Ayerbe, las tropas francesas contribuyeron a la demolición del edificio, utilizando sus materiales para crear un foso de trincheras alrededor del Palacio de los Urriés, donde se habían hecho fuertes.

Cierto es, también, que después de la guerra, que tan maltrecho había dejado nuestro patrimonio histórico-artístico -no sólo en ruinas, sino escandalosamente saqueado- los vecinos, viendo el estado y posiblemente recordando la importancia que éste templo tuvo en el pasado, se plantearon el dilema solomónico de rehacer un nuevo templo. Pero la idea fue finalmente desechada en 1836, con la llegada de la Desamortización de Mendizábal, trasladándose la iglesia parroquial al convento de los dominicos en 1855.