lunes, 31 de agosto de 2009

Santa María de Siones: ¿un mito templario?


Siones, un pequeño pueblo de la Merindad burgalesa del Valle de Mena que, por una desvirtuación histórica, como han demostrado no hace mucho Manuel Gila y Laura Alberich, debió de denominarse, en sus inicios, San Juan. Posiblemente ésta desvirtuación onomástica, así como el hecho de que en las cercanías se encuentre la llamada Sierra de la Magdalena y el pueblecito de Criales, siendo abundantes las leyendas y referencias al Santo Grial, haya sido parte de los criterios en los cuales numerosos investigadores han otorgado a su espectacular templo del siglo XII -la iglesia de Santa María- un origen eminentemente templario.
De hecho, no es difícil encontrar en algunas guías relativas a la mencionada región burgalesa -como, por ejemplo, Rutas para descubrir las Merindades de Burgos, de Mariano Cano Gordo- una consensuada participación en ésta circunstancia, alegando, no obstante, el ínterin de que el templo de Santa María perteneció, en algún momento de su historia, a la belicosa orden de monjes guerreros.
De similar manera a como ocurre con la iglesia de San Lorenzo, en la vecina población de Vallejo de Mena -detalle, así mismo, extensivo a muchos otros templos repartidos a lo largo y ancho del territorio peninsular- no existe una certeza histórico-documental, que avale, con suficientes garantías de veracidad, dicha suposición. ¿En qué se basan, pues, los defensores a ultranza de la teoría templaria?. Es de imaginar que en hipótesis relacionadas con los nombres de los lugares, así como en algunas muestras significativas de su rica y fascinante simbología. Simbología que, en determinados casos, bien pudiera considerarse una posible pista, aunque hemos de partir de la base de que no siempre las cosas son lo que parecen a primera vista, y en ello juega un papel importante el concepto que el maestro cantero pretendió dar a entender cuando los plasmó en la piedra a golpes de cincel.
No es ningún secreto, que en el Medievo, los maestros canteros jugaban con los dobles sentidos, las dobles interpretaciones, llegando, incluso, a disfrazar determinados conceptos, con un revestimiento, quizás infantil, de absurdo y superstición, que burlara el control de lo establecido por los poderes fácticos. Como tampoco lo es, que estos gremios fueron haciéndose cada vez más secretos, utilizando determinadas marcas y señales para reconocerse entre ellos. Singularmente, las marcas de cantería no abundan en la iglesia de Santa María, detalle que dificulta las investigaciones encaminadas a localizar a ciertos gremios que, pongamos por caso, se sabe utilizaba la Orden del Temple, como, por ejemplo, aquél gremio conocido como los Hijos de Salomón, que tantas señales de su paso dejaran por numerosos lugares, y sobre todo, por los principales puntos de peregrinaje del Camino de Santiago.
Si hemos de hacer caso de las aseveraciones del investigador francés Louis Charpentier, la marca, por antonomasia, que caracterizaba a este gremio en particular, era la estrella de seis puntas, también conocida como estrella de David o Sello de Salomón. En éste caso, sí encontramos la mencionada estrella, hábilmente esculpida en uno de los ventanales del ábside, no lejos de otros motivos, que pueden considerarse como de una clara influencia oriental, como los denominados Nudos de Salomón. Dichos elementos, unidos a algunos otros, situados también en la zona del ábside -bien formando motivos decorativos de los ventanales, o de las metopas o de los canecillos- podrían, subjetivamente hablando, ser óbice suficiente para la especulación.

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He aquí, algunos de ellos:

- El cráneo y las tibias. Parece constatado que ésta representación se ha localizado en numerosas lápidas templarias. Un ejemplo claro, pueden ser aquellas que se localizan junto al edículo central y enfrente de la capilla de la Virgen de la Paz, en la iglesia segoviana de la Vera Cruz. Incluso se ha extendido la teoría, entre más de un investigador, de la posibilidad de que la famosa bandera pirata, la Jolly Rogers, tuviera sus orígenes en éste símbolo atribuído al Temple.

- Un capitel que muestra dos personajes, quizás dos caballeros, enseñando un libro abierto en medio de ellos, y que podría hacer referencia a la conocida dualidad templaria. Recordemos el símil más conocido, aquél que representa a dos caballeros a lomos de un único caballo que, de manera exotérica, aludiría a la pobreza inicial de la Orden.

- Una mano abierta -posible alusión al número cinco, y por defecto, al pentágono- cuyos dedos señalan hacia abajo, en dirección a la tierra, en contraposición a aquella otra que se localiza en la iglesia de San Lorenzo de Vallejo, cuyos dedos señalan hacia el cielo. El pentágono de la iglesia templaria de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos, apunta también hacia abajo.

- La cabeza del carnero, posible referencia al signo astrológico de Aries, primer signo del Zodíaco, regido por el planeta Marte; un símbolo eminentemente de carácter enérgico y guerrero. Con relación al Tarot, el símbolo de Aries correspondería con el Emperador o el Papa, y como todos sabemos, los templarios sólo rendían pleitesía a éste último. También el carnero o macho cabrío, se asocia a la figura del diablo, a los ritos oscuros, a los aquelarres... ¿Podría tratarse, en este caso, de una alusión velada al misterioso Baphomet?.

Pero quizás, los símbolos que más motivo de especulación generan entre los investigadores, sean varios localizados en el interior de la iglesia.

Dentro de la considerable iconografía que hacen del interior de la iglesia de Santa María un lugar decididamente especial, sobresalen, como una constante sobrenatural, las contínuas referencias a la figura del demonio, bien en solitario, bien en multitud (capiteles con numerosas caras demoníacas) o bien sufriendo el rechazo de Cristo a un lado, o los tirones de pelo de la santa, al otro.

Estas se localizan, principalmente, en sus laterales, donde pequeñas capillas, semejantes a arcosolios, narran pormenores referentes a pasajes de la vida de santa Juliana, el de la derecha, y de la tentación de Cristo en el desierto, el de la izquierda.

No obstante, es en un capitel del ventanal central situado en el ábside, donde se muestra, bien visible, el motivo más interesante y polémico de todos: aquél que para los historiadores ortodoxos representaría a dos canteros transportando una pesada piedra, bajo la atenta mirada del maestro o del capataz, y en el que, por defecto, los defensores de la teoría templaria identificarían -y he aquí los posibles orígenes de un gran mito- con dos monjes-guerreros, realizando la labor de transportar el Arca de la Alianza, bajo la atenta mirada de un superior, posiblemente el Gran Maestre.

Si hemos de ser lo más objetivos posible, cabe comentar el detalle de que no deja de resultar curioso que el mencionado capitel se encuentre en una zona tan sagrada y no en cualquier otro lugar menos importante del templo, por lo que habría que considerar, en realidad, cuál es el mensaje que quiso transmitir el cantero y la importancia que le quiso dar, situándolo en el mencionado lugar. A éste respecto, sería conveniente añadir la opinión generalizada en algunos círculos, que verían en el Arca -aparte de su poder intrínseco como arma, descrito en la Biblia- otra función de contenedor o depósito de documentos -Gradale-, que atestiguarían el origen del Grial o Sangreal, en la unión de Jesús y María Magdalena y su posterior descendencia.

Porque, si de la zona del altar hablamos, sí podemos localizar, sin demasiado esfuerzo, en un basamento que se encuentra justo debajo de mismo como si fuera una tercera columna, una cruz paté; y aún más abajo de ésta, un motivo que representa agua y dos peces (de nuevo la dualidad). El pez, símbolo del Cristianismo, y el agua, otra posible alusión astrológica, ésta vez al símbolo de Piscis, y apurando, incluso una posible referencia, también, al signo de Acuario.

Recordemos que, según la Astrología, la Era de Piscis coincidió con el nacimiento de Jesús; y fue en ella donde, simbólicamente, nació también el Cristianismo. A la Era de Piscis, dos mil años después, le sucedería la actual Era de Acuario; una Era en la que, según pronostica el Zohar, todos los tesoros celestiales y los enigmas ocultos que durante generaciones no han sido resueltos, se descubrirán...

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En fin, lejos de elucubraciones cabalísticas, de las que, desde luego, no soy ningún experto, y continuando con la búsqueda de más señales que puedan fomentar la teoría templaria, así como algún probable mensaje esotérico hábilmente camuflado, encontramos varios capiteles, cuyos motivos, desde luego, inducen a pensar.
Entre ellos, se encuentra aquél que ofrece una peculiar visión de la lucha de David y Goliath, ambos representados como si fueran caballeros medievales, incluidas las monturas. Goliath, por si la ventaja de su estatura y fuerza no fueran suficientes, lucha a lomos de su caballo, protegido su flanco izquierdo por un escudo y con el espadón en alto, dispuesto a destrozar a un David que, de pie en el suelo, porta un extraño garrote con forma de trompa en su mano izquierda y la honda, armada de una piedra, en la derecha. Ahora bien, en el rostro de ambos, se aprecia un detalle verdaderamente curioso, que puede ser casual, o tal vez no: cejas y nariz están unidas, de manera que forman una tau perfecta.
Como dato relevante, añadir que este símbolo camuflado, ésta aparente tau, se repite en los rostros de los personajes de otros capiteles de cierta relevancia, como, por ejemplo, aquél que hemos comentado y del que algunos piensan como la representación de templarios transportando el Arca de la Alianza.
No deja de ser curioso, así mismo, que cerca de donde se encuentra la representación del combate entre David y Goliath, se encuentre otro capitel de características similares, que también, de hecho, forma parte de lo que podríamos considerar como una de las historias del Camino de las Estrellas, cuya difusión estuvo muy extendida, sobre todo en la zona de Navarra: la lucha del caballero Rolando con el gigante Ferragut. En este capitel, sí se hace evidente quién es quién, a juzgar por la diferencia apreciable que existe en el tamaño de ambos personajes.
Pertenece también a este arcosolio de la izquierda, el que refiere la tentación de Cristo, otro de los capiteles que suscita tanta o más polémica que los anteriores, el cuál representa a tres personajes, de los cuales, el del centro, porta una copa en su mano. Hay quien identifica a este personaje con Perceval -recordemos a Wolfram von Eschenbach, que fue uno de los introductores del mito y quien, de hecho, se refirió a los templeisen, templarios, como los custodios- y la copa, obviamente, con el Santo Grial.
Hacia esta zona miraría, en apariencia, la figura que sobresale de una especie de púlpito, de base pentagonal, situada en un pijalte que se localiza en el arcosolio de la derecha. Figura, no obstante, que si se observa con atención, bien pudiera representar, por las manos cruzadas sobre el pecho y la forma inequívoca de ataúd, una alegoría de la resurrección...¿de Lázaro?, ¿de Jesús?, ¿de los muertos en el día del Juicio Final?.
En fin, sea como sea, no se puede negar que gran parte de la iconografía perteneciente a la iglesia de Santa María, dispone de elementos suficientes como para aventurar hipótesis relativas a mitos en gran medida relacionados con el Temple. Pero, si hemos de ser objetivos, hay que reconocer que no existen los suficientes indicios como para afirmar, con rotundidad, la pertenencia de este templo a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y sí que parece muy plausible, como en el caso de la iglesia de San Lorenzo, en Vallejo de Mena, haber pertenecido, también, a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén.

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domingo, 23 de agosto de 2009

Vallejo de Mena: iglesia de San Lorenzo

San Lorenzo de Vallejo, un hermoso templo que, en unión de la vecina iglesia de Siones, levanta multitud de suspicacias en cuanto a su autoría. Velada o abiertamente, el Temple adquiere una inusitada relevancia en ésta parte de las Merindades burgalesas, enfrentando, desde hace muchos años, a detractores y defensores.
Y no es para menos, porque la zona, bien por casualidad, bien por desvirtuadas nomenclaturas históricas -como parece ser que ocurrió con el propio nombre de la vecina población de Siones- o bien porque forma un núcleo importante donde se recogen numerosas referencias en forma de leyendas y tradiciones relativas al Santo Grial, ofrece pie para ello y mucho más.
Ahora bien, aunque la presencia de la Orden del Temple no es ajena, tampoco, a la comarca, sí hay una evidencia histórica de ocupación de este templo por parte de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. Y de la mano de esta evidencia, nos enfrentamos, así mismo, a la incertidumbre que generalmente suscita todo espacio religioso, de alguna manera relacionado con ambas órdenes militares.
Esta incertidumbre, en la mayoría de los casos, viene suscitada porque, una vez juzgada y disuelta la Orden del Temple, muchas de sus propiedades pasaron a pertenecer a la Orden del Hospital. En este sentido, en ocasiones, la investigación se vuelve insidiosa y confusa. Posiblemente, uno de los casos más ilustrativos del tema y que más polémica genera entre los investigadores, sea el de la iglesia segoviana de la Vera Cruz.
En relación a la iglesia de San Lorenzo de Vallejo, como decía, existe, no obstante, constancia histórica de su donación a los caballeros hospitalarios por parte de doña Endrequina de Mena, situándose su construcción entre los siglos XII y XIII. De hecho, en el interior del templo, pueden contemplarse los sepulcros de ésta y de su marido, don Fernando de Vivanco y Sarabia.
Emplazada en pleno Camino de Santiago, parecen constatadas sus funciones de acogida y atención al peregrino. El mejor ejemplo, quizás, de esta corriente santiaguista, podemos encontrarlo en la puerta de poniente, denominada, significativamente, puerta de San Juan, que muestra una variada y rica iconografía relacionada con el tema, además de mostrar otros elementos, subliminalmente simbólicos, característicos del amplio y significativo bestiario medieval.
Llaman la atención, precisamente en dicha puerta de poniente o de San Juan, la variada y rica expresividad de las figuras en ella representadas, siendo de especial relevancia -y he aquí una posible, aunque velada alusión al Temple- dos personajes que apoyan sus manos sobre un báculo o bastón en forma de Tau. Similar figura, curiosamente, se localiza también en uno de los canecillos de la iglesia de San Pedro de Tejada, situada en el vecino valle de Valdivielso y considerada, de hecho, otra de las maravillas románicas de las Merindades.
Dentro de esta singular iconografía, generada seguramente por el mismo gremio cantero, una serie determinada de símbolos constituyen una constante, también, con el templo de Santa María, situado en la vecina población de Siones. Los más destacados de estos símbolos son: una posible alusión a la unión o universalidad del Cristianismo, representada en un árbol de la vida, en cuyas ramas se aprecia una notable cantidad de piñas; la figura, repetitiva, de varias serpientes entrelazadas, que muestran el símbolo inequívoco del infinito, cuando no, así mismo, una posible alusión a la ciencia galena, evocando el caduceo de Hermes -el Asclepio griego o el Esculapio romano- símbolo de muerte y vida eterna, e incluso, apurando aún más si cabe, una posible alusión al número ocho, de especial relevancia en sus connotaciones esotéricas; las conchas, símbolo inequívoco de reconocimiento del peregrino, así como la nave que los transporta, detalle este último también localizado en un capitel del pórtico de entrada de otra notable y enigmática iglesia de las Merindades, San Pantaleón de Losa, sin olvidarnos, por añadidura, de aquél otro capitel que se localiza en el pueblecito de La Cerca, próximo al municipio merindense de Medina de Pomar, que podría señalar la corriente cantábrica del Camino, presentando el flujo de peregrinos desde los puertos vascos y cántabros.
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Otra simbología, posiblemente relacionada con la Astrología y la Alquimia -artes consideradas como ocultas y prohibidas, en las que, supuestamente y según algunos autores, participaban los templarios y localizables en numerosas iglesias a ellos atribuídas- pueden verse, entreveladas o sujetas a una doble interpretación, en figuras como el arquero humano y el arquero-centauro, las cuales, posiblemente, aludirían a Sagitario en sus dos acepciones: como símbolo astrológico y como constelación.


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sábado, 1 de agosto de 2009

Templarios en Villaviciosa: San Andrés de Bedriñana

Situado en las proximidades de Villaviciosa, dentro de una zona natural de increíble belleza denominada Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa -el seguimiento de cuya ruta, encamina los pasos del viajero hacia pinturescas poblaciones de añeja constitución marinera, como San Martín del Mar, El Puntal o Tazones- se localiza, escondido entre montes, huertos y valles, el pequeño pueblecito de Bedriñana.
La iglesia de San Andrés -santo de especial relevancia en la región, cuando no en el Principado, hermano de Simón Pedro, y conocido, también, como el Protocletos o Primer Apóstol- se localiza algo apartada del pueblo, entre parcelas de verde hierba y floridos huertos en los que prevalece el fruto típico de la región, la manzana, origen de una bebida de carácter poco menos que universal: la sidra.
Señal evidente del orgullo y la preocupación que los habitantes de Bedriñana sienten por su milenaria iglesia parroquial -no en vano, desde luego, está merecidamente catalogada como Monumento Histórico-artístico- es el pequeño paseo adoquinado que conduce hasta su planta, donde destaca la monumental espadaña, añadida con posterioridad.
Como huella de su cuna, netamente prerrománica, conserva bajo ésta, una artística celosía, realizada -como sus homólogas de San Julián de los Prados o San Miguel de Lillo, por poner un ejemplo- en piedra arenisca de una sola pieza, que muestra motivos circulares, entre los que destacan, con una evidencia algo más que palpable, un gran número de espirales, símbolo conocido y utilizado por culturas anteriores, como la celta -de fuerte arraigambre en la región- y la visigoda.
Otros signos evidentes de su primigenio prerrománico, los encontramos en los tres ventanales que se se sitúan por encima de su pórtico de entrada, de constitución sencilla -quizás, demasiado- y carente por completo de ornamentación. La fachada, orientada al este, está protegida por un entarimado de madera cuyos pilares, a juzgar por el saludable aspecto que denotan, incitan a suponer una no muy tardía restauración. De similar manera, los motivos decorativos de las ventanas -en las que se aprecian dos pequeñas columnas- además de mostrar las espirales a que antes hacíamos referencia, muestran también motivos característicos del arte visigótico.
Por el contrario, en la fachada situada en el lado oeste, destaca una ventana de similares características a las anteriores, así como otra que evidencia una posterior influencia románica. Es precisamente en ésta fachada y haciendo esquina con el cuerpo de la espadaña, donde sobresale una especie de ménsula pétrea, en cuyos extremos se aprecia una estrella de seis puntas -la popular flor de la vida- y otro motivo que parece una cruz.
No se aprecian otro tipo de evidencias -al menos exteriormente- que demuestren o avalen la presencia de los templarios en el lugar. Pero no sería totalmente descabellado llegar a esa suposición, si tenemos en cuenta que eran ellos precisamente los que disponían de los medios pecuniarios y el conocimiento gremial, y Bedriñana queda situado en una zona de especial relevancia, en las cercanías de uno de los principales puertos del Cantábrico -Tazones- el cuál es de suponer que constituyera una vía de comunicación de primero orden para estos monjes-guerreros, cuya organización contaba, además, con una de las flotas más poderosa de la época, sobre cuyo destino, después de la fatídica fecha del 13 de octubre de 1307, se han escrito, también, verdaderos ríos de tinta.

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