miércoles, 30 de octubre de 2013

Sejas de Sanabria: iglesia de Santa Marina



Sejas de Sanabria, es otra pequeña población zamorana que hemos de situar a apenas seis kilómetros escasos de Mombuey, y como en el caso de la torre de la que fuera iglesia de Santa María, la parroquial y el entorno de Sejas de Sanabria parecen estar también relacionados con la mediática presencia, en tiempos, de la Orden del Temple. Tal detalle, se hace más evidente, quizás, por la localización de ciertos elementos que, aparte de aquellos que conforman la parroquial dedicada a la figura de Santa Marina, ofrecen indicios más que suficientes –al menos, subjetivamente hablando- como para especular desde el punto de vista de una relativa certeza. Estos detalles inducen, cuando menos a la sospecha, si tenemos en cuenta la presencia de una ermita dedicada a la Vera Cruz; de otra ermita, bajo la advocación de la Virgen de la Rivera, así como la existencia, en los alrededores, de una Cueva de la Virgen, sin duda relacionada con un hecho milagroso o sobrenatural, que vendría a marcar, convenientemente, el lugar mágico, reconvertido, donde éstos, independientemente de otros motivos, tal vez de índole estratégico, solían asentarse. Además, otro detalle que podría ofrecernos ciertas pistas sobre alguna de las previsibles actividades de los fratres en la zona, es que desde ésta población de Sejas de Sanabria, parte una denominada Ruta de los Molinos, actividades, como todas aquellas derivadas de la agricultura, que no fueron ajenas a una Orden cuya estructura y organización estaba encaminada, principalmente, a sostener las demandas y el mantenimiento de los hermanos que combatían en Tierra Santa.
Habría que tener en cuenta, además, la proximidad del lugar con la frontera auriense, tierra ya perteneciente a Galicia, donde los monjes guerreros, es sabido que se beneficiaron de generosas donaciones, sobre todo, de aquellas aportadas en particular por un rey, Fernando II (1) que, aparte de otros motivos de índole social y política, se aseguraba, con la presencia de estos aguerridos caballeros, no sólo la protección de los peregrinos que se dirigían a Compostela siguiendo la denominada Ruta o Vía de la Plata, sino también la vigilancia de las fronteras con el vecino y prácticamente recién creado reino de Portugal. Posiblemente, sea éste uno de los factores que determinan las similitudes entre lugares de una y otra provincia, entre los que cabría destacar no sólo la presencia repetitiva de elementos de rico simbolismo, como el Agnus Dei –que casualmente suelen encontrarse en numerosos templos atribuidos o en los que existe la sospecha  de haber pertenecido a la Orden en algún momento histórico, como podría ser, por citar un ejemplo cercano, el de San Pedro de A Mezquita-, sino también el de las advocaciones, donde destacan, como ya se aventuraba en la entrada anterior, aquéllas dedicadas a una santa inexistente, Marina, que, no obstante, señalarían la presencia de lugares o santuarios relacionados, en este caso con el agua, anteriores al advenimiento del Cristianismo, aunque absorbidos por él, pero que, de igual manera, continuarían señalando el lugar mágico. Lugares, volvemos a repetir, por los que el Temple parecía sentir una especial predilección y en los que solían asentarse. Posiblemente el más relevante de ellos, no sea otro que el de Santa Mariña de Augas Santas, pequeña población distante también –como en el caso de Sejas y Mombuey-, aproximadamente seis kilómetros de una de las principales ciudades orensanas: Allariz.

De cabecera cuadrada (2), pero destacable en relación al resto de la nave, los expertos consienten en situar este templo sanabrés de Santa Marina, a principios del siglo XIII, siendo M. Gómez-Moreno (3), uno de los pioneros en destacar, con una más que plausible certeza la intervención aquí del mismo cantero, o en su defecto, del mismo taller que levantó la torre de Mombuey, dada, cuando menos, la concordancia de estilo. Los motivos escultóricos más relevantes, distribuidos en la cornisa de la cabecera, están conformados por arquillos trilobulados, entre los que el cantero distribuyó una serie de elementos bien definidos, principalmente bolas –colocadas en forma de posible clave, par e impar-, formas vegetales y cabezas humanas. Respecto a las cabezas, destacar que parecen ser un total de cinco –número de por sí relevante-, localizadas en las zonas sur y este, de las cuales cuatro miran al frente, hacia el norte y una mantiene la cabeza ladeada –de igual manera que existen varias de idénticas características en la torre de Mombuey e incluso en templos cercanos de la provincia de Orense, como podría ser el de Santo Estevo de Allariz-, señalando hacia el este.
En la parte oeste del ábside, y muy cerca de la conjunción con la parte sur, prácticamente en la esquina entre una y otra, una escultura de estimables proporciones, muestra a una cabra o a un carnero, arrodillada sobre sus patas delanteras, que generalmente está identificada como una posible figura del Agnus Dei –al menos, en los ambientes más ortodoxos-, pero que a la vez tiene asociada una interesante leyenda, cuyo desarrollo y consideraciones fueron oportunamente descritas por un auténtico especialista, como es Rafael Alarcón Herrera, la lectura de cuya entrada, La misa vana de la cabra Suldreira se vuelve a recomendar aquí, a todo aquél que desee ampliar más la información.

En la espadaña principal, hay dos campanas, que tienen, respectivamente, las siguientes inscripciones: ‘A nuestra Patrona Santa Marina’, y ‘Que estas campanas repiquen siempre con alegría’. Ambas tienen, además, una segunda inscripción, que define la procedencia y el autor de su realización: ‘Rivera me fecit, Montehermoso (Cáceres), España’. La primera fue donada por el pueblo de Sejas, y la segunda por la familia de Andrés Vega, ambas en sendos días 18 de julio –su resonancia política parece más que casual-, de los años 2005 y 2001.
Hay algunas sencillas marcas de cantería y también los tradicionales graffiti de peregrino en forma de cruz latina –sobre todo en la parte este del ábside-, así como una cruz de ocho beatitudes inmersa en un círculo y contenida también en su correspondiente círculo, una flor de seis pétalos, símbolo que antiguamente se utilizaba a modo de protección contra las brujas y suele encontrarse todavía en los dinteles de numerosas casas de ámbito rural, ambas situadas en la puerta principal de acceso al templo. Cerca, se localiza, así mismo, una breve inscripción.
Cabe plantearse, por último, una cuestión, cuando menos peculiar: si en Sejas se venera la figura de la Virgen de la Rivera y existe, así mismo, una denominada Cueva del Milagro, por un fenómeno de índole Mariano, evidentemente destacado, ¿por qué la Patrona del pueblo es una santa de oscuro origen que, según la opinión generalizada de numerosos historiadores, nunca existió?.

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(1) Parece ser que hay cierta unanimidad entre los historiadores, a la hora de aceptar que la Orden del Temple se asentó en Galicia al principio del reinado de este rey, aunque hay autores, como Carlos Martínez Pereira (‘Los Templarios. Artículos y ensayos’), que opinan que su asentamiento fue anterior, durante el reinado de su padre, el emperador Alfonso VII. El mismo rey, por cierto, que en connivencia con su hermana Doña Urraca y en documento fechado el 1 de julio de 1158, donaba el territorio comprendido entre la meseta y la cumbre del Monte Sacro asturiano (o Monsacro), a unos misteriosos fratres, los cuales parece ser que levantaron dos ermitas en la cumbre, bajo la advocación de María Magdalena una, y de la Virgen del Monsacro, la otra, hoy en día dedicada a la figura de Santiago. Esta última, no obstante, tiene la peculiaridad de que su planta es hexagonal.
(2) Resulta curioso el extraordinario parecido entre este templo y la parroquial de Sieteiglesias, municipio situado en la Sierra Norte de Madrid. E incluso, apurando, con el aún más cercano y remodelado templo de Santo Tomás de las Ollas, situado en Ponferrada, provincia de León.
(3) M. Gómez-Moreno, autor, entre otras obras de ‘Catálogo monumental de España. Provincia de Zamora’, Madrid, 1927 y ‘El primer monasterio español de cistercienses: Moreruela’, Madrid, 1906. Información obtenida del libro de Cayetano Enríquez de Salamanca, ‘Rutas del románico en la provincia de Zamora’, Simancas Ediciones, 1998, página 86.

jueves, 17 de octubre de 2013

Los centinelas de Mombuey


Llegados a este punto, se torna necesario volver atrás, para retomar, aunque en dirección contraria, esa vía peregrina denominada Ruta o Camino de la Plata, y recalar en una pequeña población de la provincia de Zamora, distante apenas una quincena de kilómetros de Sanabria y sus legendarios lagos: Mombuey. En Mombuey -la antigua y medieval Monte Bobe-, al igual que en otros muchos lugares de la geografía peninsular, se recuerda, aún con escasez de documentos históricos, la presencia, allá por los albores del siglo XIII, de la Orden del Temple. De dicha presencia, la tradición -que como ya se ha dicho en alguna ocasión, sobrevive obstinadamente en las canciones del pueblo-, insiste en considerar a la antigua iglesia de Santa María, como obra y posesión de templarios. De ésta, actualmente tan sólo sobrevive la torre; el resto de la nave, levantado principalmente durante las reformas llevadas a cabo en el siglo XVIII, constituye el cuerpo principal de la parroquial, dedicada a la figura de Nuestra Señora de la Asunción. Pero lejos de desestimar o considerar insuficiente este vestigio -declarado, no obstante, monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931-, la torre de la parroquial de Mombuey es una auténtica maravilla, en la que sobrevive un pequeño compendio de información simbólica que, en algunos casos, han de recordarnos presencias y detalles que quizás mantengan algún tipo de relación con otros lugares de la vecina provincia de Orense, vistos y en parte comentados algunos en entradas anteriores.

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Esto se hace patente, sobre todo, en esas curiosas figuras que parecen surgir de la misma matriz de la piedra; en esas cabezas, delicadamente talladas, que, giradas en una determinada dirección, bien pudieran haber sido puestas intencionadamente, señalando un camino -quizás iniciático-, en el que posiblemente, si trazáramos una línea recta sobre el mapa -o quizás, puestos a aventurar, otra forma geométrica más compleja todavía, como un pentágono- podríamos advertir -advertido, y perdón por la redundancia queda también el lector, de que esto es tan sólo una sugerente hipótesis sin confirmar, al menos todavía-, que ésta cruza, atraviesa o pone de manifiesto, lugares de supuesta o comprobada pertenencia a la Orden. Este hipotético teorema, podría aplicarse, en principio, a un lugar bastante cercano a Mombuey, como es Sejas de Sanabria -apenas distante seis kilómetros-, y a su iglesia de Santa Marina, donde algunos expertos observan la misma o similar factura que se aprecia en la manufactura de la torre de Mombuey, y de cuya advocación deberemos estar muy atentos, pues, a pesar de ser opinión generalizada la no existencia real de esta santa (2), goza no sólo de una gran veneración en la provincia vecina de Orense, no faltando en ella, lugares de especial consideración relacionados también con el Temple, siendo uno de los más emblemáticos el de Santa Mariña de Augas Santas.
Y un dato a tener en cuenta: si en muchas de las iglesias atribuidas al Temple en la provincia de Orense, figura el Agnus Dei, bien en forma de cordero o de cabra, en Sejas de Sanabria la pieza más llamativa es precisamente la figura de la cabra -la cabra Suldreira de la tradición popular (1)-, en Mombuey, como su nombre ya va señalando, merece especial atención la figura mítica de este animal, el buey, muy importante, sobre todo en el románico del norte peninsular, representativa, además, de San Lucas, cuyo Envangelio comienza en el Templo con la visión del profeta Zacarías. Y una última cuestión: ¿puede tener una determinada relación astrológica, la machadiana figura de ese arquero que, aún manteniendo los ojos cerrados, apunta su arco al firmamento?. ¿Tal vez, a la constelación de Sagitario, como se adjetivaban también, a esos poseedores de Conocimiento, que fueron, dejando aparte las bajas pasiones de su naturaleza animal, los centauros?. ¿Hay en todo ello un mensaje oculto?.
Interesantes cuestiones, no cabe duda, que acentúan la nostalgia cuando uno piensa: si la torre contiene tantas maravillas, ¿qué no hubiera contenido el resto de la iglesia?.  

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(1) A este respecto, se recomienda leer la entrada de Laberinto Románico, que lleva por título Sejas de Sanabria: 'la misa vana de la cabra suldreira'.
(2) Que constituiría, en realidad, la cristianización de lugares relacionados con el agua y los antiguos cultos a las ninfas, siendo el monumento más significativo el supuesto ninfeo de Santa Eulalia de Bóveda, situado en la provincia de Lugo, sin olvidar el que también hubo, al parecer, en Santa Eulalia de Ambía, Orense, sobre el que se levantó una ermita prerrománica.

lunes, 7 de octubre de 2013

Un pedazo de cielo en la tierra: la iglesia de la Vera Cruz


En realidad, podría ser parte, comparativamente hablando y por odioso que esto resulte a veces, del entretenimiento visual con el que antiguamente nos gratificaban en los cines, poniendo esos anuncios interminables entre película y película, en aquéllos tiempos felices en los que ponían dos por el precio de una. Con la salvedad, de que a diferencia de éstos, la iglesia segoviana de la Vera Cruz es algo más que un simple ínterin para amenizar una espera. Es una auténtica porción de Cielo plantada en solitario, a las afueras de la ciudad, como un baluarte a la Belleza y la Perfección. Siempre ha sido uno de mis lugares favoritos, y recuerdo que este verano, mientras preparaba los pormenores de mi viaje a Galicia, sentí unos deseos irreprimibles de acercarme hasta allí y gozar en solitario de tan inconmensurable Obra de Arte. No me voy a extender más de la cuenta, porque tampoco tendría demasiado sentido, volver a considerar lo que tantas veces se ha dicho. Simplemente me dejo llevar por el sentimiento y mientras preparo algunos de los lugares, reconocida o supuestamente de origen templario de esa brumosa y mágica tierra celta, os animo a dejaros llevar por la ilusión de las imágenes. Si, como dicen, una imagen vale más que mil palabras, éstas se multiplican por diez cuando de la Vera Cruz se trata.

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